Cada 25 de noviembre se celebra el Día Internacional contra la Violencia de Género, una jornada para reflexionar, para creer, decir y luchar contra la desigualdad de género y la violencia machista. En lo que va de año han muerto 39 mujeres, asesinadas por su pareja, expareja o por personas de las que se estaban separando. La violencia de género sigue siendo una de las principales lacras de nuestra sociedad, la violencia de género se manifiesta también con la discriminación, con la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual o a través de la mutilación genital femenina.

La violencia machista continúa siendo un delito invisible y en cierta manera permitido por la sociedad, solo las noticias de muertes de mujeres, despiertan algunas conciencias. La violencia de género está en la familia, en el trabajo, en la escuela, en los medios de comunicación, en la publicidad, en toda la sociedad. El machismo está en todos nosotros, por educación, por roles, por estereotipos anclados en nuestra sociedad.

Pero, lo más grave es que los jóvenes que han crecido en una sociedad más igualitaria que la de sus padres continúan repitiendo e interiorizando actitudes que luego pueden convertirse en violencia machista. Machismo en las nuevas tecnologías, que suponen una ventaja a la hora de comunicarse, pero también incrementan  riesgos como el ciberacoso o el sexting  o el control a través de Whatsapp, controlando a sus parejas y lo que es aún más grave con la permisividad de algunas mujeres.

La sociedad establece unas relaciones no igualitarias y por consiguiente establece desigualdad de género, desde la escuela, pasando por la publicidad, hasta la relación con nuestras parejas, transmitiendo incluso esos roles y estereotipos de género a nuestros hijos. No podemos disfrazar el machismo, es necesario tomar conciencia de la situación y a través de la educación cambiar los roles que diferencian a los hombres y a las mujeres desde su más tierna infancia.

La mujer no es la que tiene que huir, la que tiene que callar, la que tiene que sufrir el acoso en la pareja, ni la violencia sexual, ni la discriminación verbal, ni asumir una desigualdad. Hay que reivindicar políticas que garanticen la igualdad en el ámbito laboral y también en el ámbito doméstico, porque la mujer sigue sufriendo injusticias laborales además de sumarse la carga doméstica, reproductiva y de cuidados, que sigue asumiendo la mujer. Hablar de la violencia un día en concreto, no sirve de nada si los 364 días nos olvidamos que el hombre y la mujer somos iguales, por lo tanto tenemos que tener los mismos derechos y obligaciones para acabar con esta lacra social.

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