La democracia, se identifica tanto con la idea de libertad, de igualdad y de justicia. Cuando hablamos de calidad democrática, pensamos en un Estado de derecho, donde se defienden los derechos fundamentales y se reconocen los derechos individuales de todos, defendiendo a los que piensan diferente. Medir la calidad de una democracia, sirve para mejorar la calidad de la democracia, para centrarse en tener unas ciertas condiciones mínimas con un sistema más igualitario y con perspectivas de mejora. Eso no quiere decir, que España no sea un Estado de derecho o que no sea realmente una democracia, pero a lo mejor como dijo el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, en una reciente entrevista al digital ARA: «en España no hay una situación de plena normalidad democrática«.

Sin estar totalmente de acuerdo con Pablo Iglesias, necesitamos recuperar la confianza en la política, en los partidos y en las instituciones, hemos de solucionar ciertos elementos de anormalidad, llevar a cabo un proceso de regeneración democrático, aceptar el fracaso colectivo en calidad democrática de la cual se está beneficiando el populismo de la extrema derecha. El funcionamiento de la democracia en España exige un análisis profundo, desde el ámbito de la transparencia, la lucha contra la corrupción, los partidos políticos, el sistema electoral, las instituciones en general o la justicia. Porque no debemos tener miedo a solucionar los fallos, ni poner límites a la democracia, la calidad democrática depende de todos nosotros.

La democracia se está alejando de la realidad social, no se le da la importancia que tiene y algunos la desprecian. Todo esto está provocando una desafección ciudadana con la democracia, con las instituciones y con la política en general. Nos preguntamos ¿por qué hay, cada día, más votos a la ultraderecha? Porque, los partidos políticos han acabado desencantado a la sociedad, lo cual es letal para la democracia y para el Estado de derecho. Cada día hay más personas, que creen en unos discursos populistas extremos y alejados de los principios democráticos. El peligro lo tenemos delante de nuestros ojos, pero los árboles no nos dejan ver el bosque, no vemos el peligro de perder algo que se tardó mucho tiempo en recuperar: la democracia. Porque, no es lo mismo, la «democracia orgánica» de la dictadura franquista que la que disfrutamos ahora.

Calidad democrática significa hacerlo cada vez mejor, que favorezcamos una concepción más inclusiva de la democracia, que se identifique tanto con la idea de libertad, de igualdad y de justicia. Que no aceptemos cosas que no son normales y de sentido común dentro de una democracia. No entra dentro de la normalidad y de la calidad democrática tener un ex jefe de Estado que presuntamente evadió impuestos, que cobró comisiones y que está en los Emiratos Árabes; tener un Consejo General del Poder Judicial con el mandato caducado desde hace dos años y bloqueado por el Partido Popular; que no se puede aceptar la clasificación de los magistrados en progresistas o conservadores, según el partido político que haya propuesto su nombramiento; la falta de justicia social; la mayor desigualdad entre ricos y pobres; donde el derecho constitucional a una vivienda o a un trabajo no se cumplen; que se haya optado por judicializar la política, como en el caso de Catalunya; que se encarcele a un rapero por sus canciones… ¿Se puede mejorar o no ? Yo creo, que sí. Estado de derecho, derechos fundamentales, principios democráticos y calidad democrática es lo mismo, porque la democracia siempre es susceptible de mejora y de perfeccionamiento…