Las colas del hambre se alargan cada día más en España, necesitamos justicia social por necesidad. Porque la justicia social implica el derecho a la dignidad de las personas, y hacer cola para poder comer es una grave injusticia que no se puede permitir. En la crisis económica de 2008 se pudo frenar el temido estallido social por la estructura familiar, en especial gracias a las pensiones de los mayores. En esta crisis de la pandemia de la Covid-19, no existen sospechas de una rápida recuperación, lo que puede acabar con el Estado de Bienestar y que no se pueda ayudar a sostener a las familias más necesitadas. Estamos viendo las colas del hambre, los efectos devastadores de la
crisis, la lentitud y la falta de recursos por parte de las Administraciones, que se está paliando con las acciones desinteresadas de las ONG, asociaciones vecinales y confesiones religiosas. La caridad y la solidaridad, se entremezclan como sentimientos de pertenencia a un mismo grupo y con el deseo de ayudar, lo que dice mucho de la condición humana. Pero, esto no es la solución, es simplemente confirmar un sentimiento de injusticia social, cuando la solidaridad suple en parte las obligaciones que el Estado tiene contraídas con los ciudadanos. No podemos permitir que se olvide que tenemos derechos, que ni debemos ni podemos mantener esta sociedad solo con la solidaridad, porque donde hay solidaridad es porque falta la justicia social.

La miseria estaba ya en la sociedad, no es nada nuevo, quizás simplemente los que la tenían la sufren aún más y los que no la padecían hasta ahora, han comenzado a conocerla de muy cerca. No ha sido culpable el coronavirus, ni el paro de la economía, la tiene el neoliberalismo económico que provoca el acopio de riqueza por parte de unos pocos y que, paradójicamente, estos pocos por regla general no contribuyen al bien común. Mientras una escasa porción de privilegiados se enriquezca cada día más y el resto de la población viva en la precariedad, se crea una mayor desigualdad social y es más fácil que les afecte la crisis. El Estado del Bienestar está dejando de ser sostenible, debido a nuestro sistema económico y a todos los gobiernos que nos han querido invertir en justicia social.

No podemos ignorar la miseria, ni las colas del hambre, ni la solidaridad de las ONG, de entidades religiosas, asociaciones y otros movimientos. Que los 54 bancos de alimentos que hay en España estén vacíos y que mañana lunes comienza la Gran Recogida, que esperan recaudar 21 millones de euros, cantidad similar al año anterior. Pero, este año, por motivos de la pandemia no se aceptarán alimentos, se añadirá el importe del donativo al ticket de compra. Nos sentiremos obligados a ser solidarios y pensaremos que nuestro donativo ayudará a mucha gente. Toda la solidaridad ciudadana nos debería alegrar, pero no puede hacernos olvidar la inequidad del sistema capitalista y que el Estado olvide que su responsabilidad es ofrecer justicia social…

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