Prisión incondicional impuesta a los líderes de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, tras la acusación por un presunto delito de sedición en relación a las protestas que organizaron los días 20 y 21 de septiembre en Barcelona. La jueza Carmen Lamela, del Juzgado Central de Instrucción nº 3 de la Audiencia Nacional, rechaza que las protestas que convocaron fueran pacíficas y les acusa de impedir el trabajo de los agentes y no poder abandonar los edificios tras los registros practicados, en la sede de la Conselleria d’Economia. Promover el asedio a la Guardia Civil el 20 septiembre, los convierte en culpables de un discutible delito de sedición, que -desde el punto de vista del profano- parece una forma de doblegar a los independentistas en sus objetivos. 

La sedición está castigada en los artículos que van del 544 al 549 del Código Penal. En ellos se castiga con penas de prisión de 10 a 15 años  a los que «se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad»  Encarcelando a Cuixart y Sánchez por “violentos” se está encarcelando a los responsables de las movilizaciones pacíficas, familiares e ingeniosas que ANC y Òmnium han ido organizando en Catalunya para mostrar al mundo su independentismo. Reivindicaciones siempre pacificas.

Si la sedición es cuestionable, denominarles presos políticos también. Un prisionero político es una persona privada de libertad por razones políticas, por un compromiso político que le lleva a acciones, violentas o no, en contra de un gobierno que considera ilegítimo. No podemos hablar de que Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, sean presos políticos, porque se supone que han sido enviados a prisión por hechos ilegales concretos y no por sus ideas, ya que de ser así hubiesen sido juzgados mucho antes. Aunque, las consecuencias políticas de una decisión judicial libre e independiente están en la calle. España es una democracia más o menos perfecta, existe libertad de expresión, de asociación y de manifestación. No podemos banalizar con expresiones como presos políticos y franquismo, primero por respeto a todos los que lo han padecido en sus propias carnes y segundo, porque no somos una dictadura. A mi juicio la conclusión es que ha sido un Auto de marcado carácter político.

Ni Sánchez ni Cuixart han mantenido supuestamente actitudes violentas, los líderes soberanistas desconvocaron la protesta pese a que los manifestantes querían seguir. La prisión es una medida excepcional donde se pretende ejemplarizar a los que llevan la política a las calles y con la ilegalidad conseguir sus fines. La sedición y su prisión provisional constituye una cortapisa a su derecho a la libertad de reunión y expresión.

 

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