La idea del eterno retorno o la paradoja de la eterna recurrencia, parece que nos persigue en esta pandemia. La existencia se repite en un ciclo infinito a medida que la energía y la materia se transforman con el tiempo. Es como si el eterno retorno de equivocarse en lo mismo, fuese un castigo que se convierte en bucle y del que no somos capaces de salir. Como decía Nietzsche, en el Aforismo 341 de su libro «La gaya ciencia»:  «¿Cómo te sentirías si un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijera: “Esta vida, tal como la estás viviendo ahora y tal como la has vivido, deberás vivirla otra vez y aún innumerables veces. Y no habrá en ella nunca nada nuevo, sino que cada dolor y cada placer, cada pensamiento y cada suspiro y todo lo indeciblemente pequeño y grande de tu vida deberá volver a ti, y todo en el mismo orden y la misma secuencia – e incluso también esta araña y esta luz de la luna entre los árboles, e incluso también este instante y yo mismo. ¡El eterno reloj de arena de la existencia se invertirá siempre de nuevo y tú con él, pequeña partícula de polvo!”? Nietzsche nos habla de una repetición no temporal: no es el el tiempo lo que se repite, en su aforismo es todo, es como si no pudiéramos hacer nada para cambiarlo.

Si alguien nos dijera que tenemos que volver a vivir la vida tal como la estás viviendo en este instante, que nuestras mismas equivocaciones las volveríamos a repetir, que todo lo ya vivido lo tendremos que vivirlo de nuevo y también todo lo malo. Nos parecería un castigo divino o un cruel capricho del destino. Porque en esta pandemia del coronavirus, tuvimos una primera ola, fruto de lo inesperado; una segunda ola resultado de todas las equivocaciones del verano y una tercera ola, por querer salvar la Navidad. Parece que tenemos tantas ganas de vivir con restricciones, con mascarillas, con distancia social, con medidas sanitarias y con riesgo a contagiarnos, que volvemos a cometer los mismos errores, una y otra vez. Pero, no es que estemos condenados a repetirlas, es que no hacemos nada para salir de esa repetición eterna sin cambios, como nos habla el eterno retorno de Nietzsche.

Tenemos la capacidad para actuar, para cambiar, para no cometer los mismos errores, para ser responsables. No importa que nuestros dirigentes no sean capaces de hacerlo, cada uno somos responsables de nuestros actos, podemos decidir lo que queremos y lo que no debemos de hacer. Si somos capaces de cambiar el presente,  conseguiremos que desaparezca la inercia de que vuelva a repetirse lo mismo en un futuro distópico en el que la humanidad se ve obligada a convivir con el coronavirus y donde la vacuna no sirve de nada. ¿A alguien le suena: confinamiento domiciliario, hospitales saturados, aumento de muertes y contagios? ¿Cuántas veces se tiene que repetir el eterno retorno, para que nos decidamos a cambiarlo?

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