Ni el olvido, ni el silencio, ni la impunidad son buenos para la salud democrática. Hacer justicia no es revancha ni venganza histórica. En Argentina, se denominan Procesos de Memoria, Verdad y Justicia a los procesos que culminan en los juicios por delitos de lesa humanidad, que buscan conocer la verdad de los hechos históricos durante la dictadura militar argentina que gobernó al país entre 1976 y 1983. Un tribunal argentino ha condenado, ayer miércoles, a 48 personas, entre militares y civiles, con prisión perpetua a 29 represores de la dictadura militar por violaciones de los derechos humanos. Analizando cerca de 800 casos de secuestros, torturas  asesinatos dentro del mayor centro clandestino de detención y tortura, en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) durante los años de la dictadura militar.

Este juicio supone un paso fundamental hacia la reparación y rehabilitación de las víctimas y la condena de los criminales y torturadores, autores de crímenes de lesa humanidad, muestra la tenacidad de la memoria, verdad y justicia para lograr tras tantos años de impunidad y silencio. Muy al contrario del caso de España, en que la Ley de Amnistía humilló a quienes se habían pasado cuarenta años luchando contra la dictadura, mientras los asesinos y torturadores siguen disfrutando de impunidad.

Derogar las leyes de amnistía, de impunidad o del perdón en España y Chile, como hizo Argentina en 2003, anulando las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, es necesario para que los responsables de delitos de lesa humanidad sean juzgados. La impunidad en Chile y en España, no permite una auténtica democracia y el respeto a los derechos de las personas hasta que los que participaron en el genocidio del dictador Augusto Pinochet y Francisco Franco puedan ser juzgados. Por la memoria, la verdad y la justicia. 

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