Al capitalismo liberal le interesa fomentar el individualismo como forma de vida en nuestra sociedad, en la que cada persona coloca sus propios deseos, necesidades y comodidades por encima de las necesidades de lo colectivo. Un individualismo enfermizo basado en el consumismo, la tecnología y el hedonismo. Donde la búsqueda de la felicidad está solo en la conquista de bienes materiales, donde el esfuerzo personal se basa en la competencia y el alcanzar un objetivo por encima de los demás. Donde la gente tiene su propio relato: donde todo el mundo opina y sabe de todo; donde todo es rápido y desechable; donde lo trivial gana a lo trascendental; donde se combina las emociones con un egoísmo extremo. Somos lo que hacemos.

El individualismo tecnológico está suponiendo la destrucción de las estructuras tradicionales del capitalismo, donde los sitios web y aplicaciones móviles han cambiado nuestras forma de vivir, producir y comerciar. Solo necesitamos una conexión de internet, un ordenador o smartphone y una tarjeta de crédito para que las grandes multinacionales digitales creen nuevos servicios para los usuarios, donde el sistema genera, cada vez más adicciones para vender y lograr beneficio. Todo está cambiando, las personas nos acostumbramos a gestionar trámites oficiales, a gestionar documentos, a emitir opiniones, a comprar servicios y bienes por internet. Lo que supone la destrucción del comercio tradicional y cada vez más pérdida de empleo.

Esta crisis sanitaria ha supuesto el reinventarse a muchos pequeños comercios, el adaptarse las empresas y los trabajadores al teletrabajo, aunque el gran beneficiario ha sido el capitalismo de plataformas. La tecnología digital está cambiando las tendencias de la gente y supone unos cambios de tendencias económicas profundas. No es solo: comprar en un supermercado, en una tienda global, en una agencia de viajes, utilizar servicios de economía colaborativa o buscar una pareja por internet…, pero detrás de ello también hay un interés político para poder tener un control sobre los “individuos”, que cada vez exista más individualismo. 

Somos fruto de un engaño colectivo, donde juegan con nuestros deseos, con nuestras aspiraciones y nuestros sueños, donde la élite del poder nos convierte en más dependientes, donde la sociedad cada vez es más desigual, donde el ansia por consumir a toda costa es la única preocupación, donde cada día somos más esclavos de un sistema económico. Donde moral y ética importan poco, donde todos somos, cada vez, más egoístas; donde los muertos no son los «nuestros», donde el hambre lo pasan los «demás» y donde las guerras las sufren «otros». En todas las crisis, se intenta inventar una falsa solidaridad desde el más profundo individualismo, donde el único beneficiario es el capitalismo liberal y el populismo de ultra derecha. El individualismo es una enfermedad de esta época y de esta sociedad, nuestras actuaciones se limitan a nuestro ego y a nuestros prejuicios. Nos preocupa más lo que queremos ser, que lo que los demás quieren que seamos.   

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