El otro virus que infecta a la sociedad es el capitalismo, un virus que ha infectado a todos lo seres humanos de este planeta, contra el cual no hemos sabido desarrollar respuestas inmunológicas que nos protejan de él. Un virus que ha creado desigualdad social, donde se han magnificado las crisis financieras, donde se ha basado en desmantelar el Estado y privatizar servicios esenciales a los ciudadanos, donde los trabajadores y trabajadoras han perdido derechos laborales, donde retrasar la edad de jubilación y reducir las pensiones persiga potenciar los fondos privados… Ningún virus conocido y desconocido, ha provocado tantas muertes, tantos desempleados, tantos desahuciados, tantos marginados.

La presumible racionalidad del capitalismo, se asegura con una economía de mercado, un sistema político democrático y la globalización. Pero, basada en la desigualdad en el reparto de los recursos económicos. Creciendo los beneficios del capital a costa de todos los trabajadores y subsanando el supuesto descalabro financiero con la reducción del número de empleos. La consecuencia del virus del capitalismo, junto con el virus del Covid-19 en España han sido las cifras de ayer, se han destruido 833.979 empleos en el mes de marzo, según los datos difundidos por el Ministerio de Seguridad Social. En un contexto de precarización, estos datos muestran el alcance de la mayor iniquidad de la historia social de la economía en España. 

El paro registrado en marzo ha registrado la mayor subida de su historia, ha crecido el número de desempleados en 302.365 personas, hasta los 3.548.312 personas, según los datos difundidos por el Ministerio de Trabajo. Es decir, desde el 14 de marzo, en que el Consejo de Ministros extraordinario aprobó nuevas medidas para la contención del Covid-19, comenzó una sangría que nos ha abocado a las cifras de paro de 2017. En algo más de dos semanas se han perdido casi 900.000 empleos, eso sin reflejar más de 450.000 ERTE presentados, afectando a más de 2,6 millones de personas. Todo esto evidencia la más absoluta incapacidad del capitalismo y que es el otro virus que más infecta en esta sociedad. No se puede entender que un agente infeccioso microscópico como el Covid-19 sea el desencadenante de esta crisis humana y económica. Es el virus del capitalismo el único responsable de que tengamos un neoliberalismo sin restricciones ni control político, que nos mata poco a poco a todos. Un sistema basado en la codicia, en el engaño, en la esclavitud de las personas y la destrucción del planeta, que hemos aceptado entre todos.

2 comentarios en “El virus del capitalismo que nos mata.”

  1. Hemos perdido poco a poco la identificación de clase, la anterior crisis económica de 2008 hizo que desapareciera la mal llamada clase media. Podemos decir que ya no existen las clases sociales en un sentido subjetivo, solo existen ricos y pobres. Nos han hecho perder la identificación como grupo o colectivo. Existe más unidad entre los simpatizantes de un club deportivo, artista, deportista, youtuber o influencer que en las carencias y necesidades que tenemos como grupo por el hecho de serlo.

    Esto es lo que permite la rápida expansión del virus del capitalismo, se han ocultado las ideologías o quizás el capitalismo sea la sustitución de todas. Solo nos preocupa el poder adquisitivo para consumir, tener más que el otro, donde la solidaridad y la conciencia de clase lo hemos cambiado por el hedonismo. Donde solo nos preocupa “ser feliz” como fin y como medio, donde el individualismo siempre gana.

    Una sociedad en la que la política se ha convertido en una ramificación del poder financiero, por encima ya de los estados, y que olvida a las personas y a lo público. Donde parece que el único resquicio son los populismos y los nacionalismos. Donde una economía global, genera cada día más esclavos de la globalización, con mayor desigualdad: más ricos y muchos más pobres.

    Mientras tanto los pobres seguirán pensando en apuntarse en un plataforma de películas y series en streaming, comprarse un smartphone o comprar cosas innecesarias en una empresa de comercio electrónico y poco a poco endeudarse en cómodas financiaciones a plazos, sumadas a la hipoteca, seguros, prestamos personales,etc,etc.

    Cuando se acabe la crisis sanitaria, nos encontraremos de bruces en la crisis económica, donde el Estado se olvidará de todos nosotros, donde muchos se habrán beneficiado de esta crisis y donde los demás la tendremos que sufrir. Que nadie tema al coronavirus, lo que viene después será mucho peor. Y, además sin vacuna. Eso si, saldremos como se sale de casi todo o por lo menos es lo que deseamos…

  2. Ser anticapitalista, no me hace ser comunista, porque no me creo que sea posible un mundo mejor sin clases sociales, aunque quizás esté más cerca de sus postulados que de un sistema capitalista injusto y basado en la explotación. Lo que está claro es que no ha funcionado en ningún país, a costa de hacer férreas dictaduras, una alternativa al capitalismo. El comunismo fracasó como alternativa económica, política, social y también democrática.

    Carlos Marx en El Capital empleó la expresión «dictadura del proletariado» que no es más que una metáfora para referirse a la democracia en que el proletariado ha tomado el poder y tienen plena conciencia de su situación. Pero, eso no se entendió o quizás no se supo adaptar a la sociedad. Lo paradójico es que el capitalismo ha generado injusticia social y explotación pero ha triunfado en la mayoría de países, quizás como la democracia es el menos malo de los sistemas. Ni la socialdemocracia como alternativa al capitalismo tampoco ha funcionado, porque quizás hay demasiados intereses económicos, sociales y políticos, que no se pueden cambiar. Lo cual ha repercutido en no poder garantizar los derechos sociales públicos.

    Nos hace falta afianzarnos en valores, como la igualdad, la solidaridad, la libertad, la democracia, la justicia social y económica. en contra de un capitalismo que se perfecciona cada día, en hacernos más dependientes del sistema. Necesitamos un sistema hacia una sociedad sin clases en la que no haya explotación, en la que se alcance la igualdad en todos los aspectos. Que esta sociedad no esté obsesionada con el socialcomunismo, porque el principal problema son los que quieren privatizar lo de todos, pensando solo en su beneficio.

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