El presidente estadounidense Donald Trump ha firmado una orden ejecutiva por la cual de manera unilateral se cambia el nombre al lago Ontario, que ahora se llamará lago América. Uno de los cinco Grandes Lagos situados en la frontera de Estados Unidos y Canadá.
Las órdenes ejecutivas en Estados Unidos permiten a un presidente ejercer poder sin la acción del Congreso. Se emiten para dar órdenes o para cancelar las órdenes de sus predecesores. Tanto el Congreso como los tribunales pueden potencialmente bloquear las órdenes ejecutivas. Pero, no revocarlas.
Donald Trump tras jurar su cargo como el 47º presidente de Estados Unidos, emitió una avalancha de órdenes ejecutivas en muchas materias, desde aranceles, inmigración, cambio climático y diversidad. Y, también el cambio de nombre del Golfo de México por Golfo de América.
Un cambio de nombre que solo afecta al gobierno federal de Estados Unidos y plataformas digitales como Google Maps. Pero, que no cuenta con la validez de países como México y Cuba o de organismos internacionales. Donde Estados Unidos renombra unilateralmente un espacio que comparte con otros países, pero que no lo pacta con sus vecinos.

Ahora, una nueva orden ejecutiva para cambiar el nombre del lago Ontario por lago América. Después de que las negociaciones comerciales entre EE.UU. y Canadá fracasaran a finales de la semana pasada. Imponiendo nuevos aranceles del 50% a productos canadienses, que Canadá también implementará de forma compensatoria. Y, el consecuente cambio de nombre del lago Ontario.
Es muy peligroso que el orden mundial dependa de las órdenes ejecutivas del presidente de Estados Unidos. Donde se decide igual el estado de emergencia nacional para proteger los ingresos petroleros venezolanos. Como, el embargo económico de Cuba. O, sus pretensiones de anexionarse Groenlandia, el canal de Panamá, el estrecho de Ormuz, Venezuela e incluso Canadá.
Las órdenes ejecutivas de Estados Unidos se han convertido en dictámenes con fuerza de ley a nivel mundial. Decisiones, basadas en intereses políticos de Estados Unidos. Que alteran el orden internacional, no respetando el derecho, las relaciones y la diplomacia internacional. Ignorando a todos los organismos internacionales.
Afectando no solo a nivel económico, sino también a la asistencia humanitaria y a los derechos humanos, con la suspensión de fondos a programas globales y su retiro de organismos internacionales como la OMS y el Consejo de Derechos Humanos, que debilitan la cooperación internacional.
El cambio del lago Ontario por lago América es un intento más, de presionar y de utilizar el poder de Estados Unidos contra el resto de países del mundo. Donde la comunidad internacional no hace ni dice nada. Ante la superpotencia más grande del mundo gracias a su fuerza militar, su economía y su gran influencia cultural y política. Al igual que en la famosa frase de Humphrey Bogart al despedirse de Ingrid Bergman en la clásica película Casablanca: «Siempre nos quedará París». A la ciudadanía normal siempre nos quedará el poder decir: lago Ontario y golfo de México.
