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Niñas y niños migrantes en Ceuta, esperan una solución.

Son niñas y niños migrantes que llegaron a Ceuta a finales de mes de julio. No se sabe con certeza el número. Son menores de 18 años. Pero, hay muchas y muchos menores de 14. Malviven en Ceuta, expuestos a la violencia, a la delincuencia y a la trata. Niñas y niños que han migrado solos. Menores que no tienen padres, ni nadie a su cargo en Ceuta. Por un momento hagamos un pequeño ejercicio de empatía, pensando que podían ser nuestros hijos o los de cualquiera. Somos capaces de adoptar un animal de compañía. Pero, sin embargo son muchos los que están convencidos de que la solución es que regresen a Marruecos.

A todos los que somos madres y padres, en algún momento nuestras hijas e hijos nos han hecho un dibujo. Que hemos guardado con cariño e ilusión. Doce niñas marroquíes que están en un campamento del barrio de El Príncipe, han plasmado en sus dibujos lo que sienten. Su viaje, sus miedos, sus deseos de cara al futuro. El dibujo que encabeza este post es de Ihsan. Que recuerda su travesía, dibujando a los fallecidos en el agua con una cruz en la cara. Junto a  corazones rotos en Marruecos que lloran la ausencia de sus hijas. Y, con las niñas sonrientes, de la mano, ya en España. Con su corazón enviando el amor a sus familias. Entre las dos fronteras, el mar con personas ahogadas e intentando cruzar la frontera. En este dibujo se resume el drama de unas niñas migrantes que están solas y abandonadas en Ceuta.

La primera pregunta que deberíamos hacernos: ¿ Es el por qué miles de personas, entre ellos niñas y niños migrantes, abandonan sus países, arriesgando su vida para llegar a Ceuta y la posibilidad de llegar a Europa ? La pregunta tendrá múltiples respuestas, pero algo en que coinciden todas, es que nadie abandona su casa por gusto. Lo sabemos muy bien en España, cuando miles de personas tuvieron que huir después de la Guerra Civil al extranjero. Cuando miles de personas tuvieron que decidir dejar sus casas y familias para encontrar un trabajo y un futuro digno. Incluso cuando fueron evacuados, casi tres mil niñas y niños durante la Guerra Civil, a la antigua Unión Soviética. Donde fueron cuidados y educados.

En España sabemos mucho de migrar, aunque lo hemos olvidado demasiado rápido. Fueron nuestros abuelos y padres los que lo hicieron. Y, ahora lo hacen nuestros hijos con sus grados universitarios y sus master, para encontrar un puesto de trabajo. La diferencia es que no somos tan oscuros de piel y pertenecemos ahora a la Unión Europea. Las razones son las mismas, pero parece que les negamos a una parte de la humanidad, el poder huir de sus casas y países, para simplemente subsistir. Los migrantes que levantaron las economías de Europa y Estados Unidos, ahora no son bienvenidos.

Cuando más de 70.000 migrantes entraron en Ceuta el pasado 30 de julio, a nado o bordeando a pie el espigón fronterizo con Marruecos. Una crisis migratoria debido a la pobreza, conflictos, impacto climático y persecuciones. Aparte de la frustración y del deseo humano de prosperar. Nos cuesta creer que madres y padres permitan que sus niñas y niños abandonen sus casas y se marchen solos a un país extraño. Pero, entre que crezcan sin oportunidades y sin libertad, prefieren que opten por un futuro mejor fuera de sus casas.

Ahora, viene la segunda pregunta: ¿ Por qué aquí ? El por qué es sencillo, es por proximidad, por facilidad. Ceuta está en África y las costas españolas de la península son las más cercanas. Ahora, habrá personas que pensarán ¿ Qué culpa tenemos nosotros ? Se olvidan de palabras y de compromisos como es la solidaridad. Son los que prefieren que regresen, tanto mayores como menores a sus países de procedencia. Son los que escuchan los mensajes xenófobos y racistas. Les da igual que sean menores o mayores.

Son carne de cañón de países que se despreocupan de ellos, simplemente no quieren o no tienen los medios para atenderlos. La solución no es el regreso, ni la supuesta reunificación con sus familias como un proceso humanitario. Porque algunas niñas y niños migrantes no quieren regresar y otros sus familias no quieren que regresen. O no tienen a nadie que se haga cargo de ellos, ni siquiera su país. Es una cuestión humanitaria acrecentada, porque son niñas y niños migrantes que están solos. Que huyen lejos, hacia otra ciudad, hacia otro país o continente. Se convierten en tener riesgo de abusos, ser víctimas de la trata y la explotación.

A lo mejor a los que leen estas líneas, no les preocupa que todos los niños y niñas tienen sus derechos y se merecen vivir con seguridad y dignidad. En el contexto inmediato, es imperativo que los niños no sean devueltos ni deportados automáticamente, porque la legislación no lo permite. Tienen que ser repartidos entre las diferentes Comunidades Autónomas que garanticen el respeto de sus derechos y se apliquen medidas de protección integral en todos los casos, basadas en el interés superior del niño y de su felicidad.

La sociedad española tiene una oportunidad, bajo el principio de responsabilidad compartida, abordar de manera integral un problema que Ceuta no puede solucionar sola. Porque acoger a las niñas y niños migrantes de forma permanente o temporal, brindando la debida protección humanitaria y el debido proceso que exigen las leyes nacionales e internacionales en la península es posible. Y, además totalmente necesario.

A las personas que están en desacuerdo, a los que piensan que el regreso a sus países es la única solución. Les pido que miren a sus hijas e hijos, a los niños que están a su alrededor. Y, que entiendan que esas niñas, niños y adolescentes migrantes no son culpables de nada, que deben tener acceso a sus derechos fundamentales de protección y asistencia, para garantizar su protección y bienestar. España tiene la obligación de priorizar el interés superior de la infancia y el respeto a la legislación nacional e internacional. Niñas y niños migrantes en Ceuta, esperan una solución.

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