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La adicción permitida a las redes sociales.

La adicción permitida a las redes sociales es un tema de controversia, que afecta a la salud mental de todos y especialmente en los menores. A mediados del mes de agosto en Estados Unidos, ha comenzado un juicio contra Meta, la matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp. Por vulnerar leyes de protección al consumidor y la privacidad infantil.

El ser humano siempre ha consumido sustancias para alterar y estimular su sistema nervioso central. Como el alcohol, el tabaco,  el cannabis, la cocaína y los opiáceos. Siempre buscados con fines como el simple placer, para huir de la realidad, para hacer frente a los problemas o por la incapacidad para ello. Ahora, tenemos las redes sociales.

La adicción a las redes se ha convertido en un fenómeno compulsivo e incontrolable que se ha convertido en una herramienta fundamental para la comunicación y el intercambio de información. Que afecta desde mayores a menores en su vida personal. Tanto a nivel social, profesional, educativo y social. Una droga permitida y aceptada socialmente que puede tener consecuencias graves. Como lo tuvo la adicción a las drogas en el siglo XX. Que pasó de ser un problema de control médico a convertirse en una crisis social global contra el consumo de las drogas.

La sociedad y el estilo de vida actual han propiciado el uso de las redes sociales, hasta convertirse en una adicción permitida a pesar de las repercusiones negativas. Responsabilidad por supuesto de los usuarios, pero también de las propias plataformas. Donde aparte de los mayores, están los menores, que sin consentimiento paterno las utilizan. Y, su información es susceptible de ser empleada por dichas plataformas. A lo que gobiernos como el de Australia, Francia o España quieren legislar la prohibición de que los menores no tengan acceso a las redes sociales.

Como todo en esta vida, lo importante es el consumo responsable y por tanto también de las redes sociales. Las plataformas tecnológicas emplean psicología conductual y algoritmos de IA para mantener la atención del usuario, recompensas variables, scroll infinito y sensación de urgencia. Para crear adicción. Por eso el juicio contra Meta es para que haga cambios para proteger a los usuarios, especialmente a los menores.

Las redes sociales son un modelo de negocio basado en la explotación de la atención. Un sistema digital que prioriza lo emocional sobre lo racional. Donde los algoritmos priorizan contenido que genera reacciones intensas, refuerzan prejuicios y sirven para generar bulos. Aparte, por supuesto para comunicarse o disfrutar de momentos de ocio.

Meta ha aceptado el pago de 16.700 millones de dólares que se distribuirá en cuotas anuales a lo largo de un período de diez años, para acabar con las demandas de 29 estados de EE.UU, destinados a proteger a los jóvenes en redes sociales. Aparte de obligarle a cambiar la forma en la que los jóvenes utilizan Instagram y Facebook. Con imposición de controles más efectivos en detectar a los menores,  mejorar los controles parentales, con un límite de uso diario de dos horas y apagón nocturno. Que los padres podrán eliminar, si lo juzgan conveniente.

En definitiva, siguen siendo los padres los grandes responsables de lo que hacen sus hijas e hijos. Porque las tecnológicas seguirán buscando enganchar de forma deliberada a los usuarios, sean mayores y menores de edad. Porque ese es su negocio, perfeccionar sus algoritmos, sistemas de personalización y anuncios segmentados a una audiencia específica. Para alcanzar a los usuarios que estén interesados en un determinado producto o servicio, con unos costes más bajos que otros tipos de publicidad y con una mayor rentabilidad.

Si Meta ha aceptado pagar 16.700 millones de dólares, es porque sigue siendo un negocio para ellos. La realidad es que hay una dependencia del móvil y de navegar en las redes sociales. Son muchas horas las que se pasamos pegados a nuestros teléfonos. La adicción es en personas adultas y por falta de supervisión, también en los menores. La regulación del acceso a los contenidos, sitios web y uso de las redes sociales no les interesa regularlo a las grandes tecnológicas. Porque camuflado en mantener relaciones interpersonales, existe el mayor negocio de todos los tiempos. La responsabilidad es de cada uno de nosotros y por supuesto de los menores a nuestro cargo.

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