Alberto Núñez Feijóo reclama al Gobierno de España que se estudie la posibilidad de decretar el confinamiento de Ceuta. Por riesgo sanitario, ante los casos de tuberculosis, sarna, varicela y más de 450 casos de gastroenteritis. Que se han detectado después de la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta, el 30 y 31 de julio.
Feijóo, ha vinculado el riesgo sanitario con las condiciones en las que se encuentran miles de inmigrantes sin cobijo, sin atención y en condiciones de insalubridad. Es curiosa la rapidez en esta ocasión para decretar un confinamiento y la dificultad que pusieron en imponer restricciones para contener la pandemia del coronavirus. Donde a pesar del confinamiento y con indicadores sanitarios pésimos en varias comunidades, el PP no veía claro lo del estado de alarma.
La salud pública es competencia directa del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Ceuta, mientras que la asistencia sanitaria
(médicos, hospitales y farmacia) sigue bajo la gestión del Gobierno de España a través del
INGESA. Es decir, tanto Ceuta como Melilla, asumen a través de su propia Consejería de Sanidad: la detección y seguimiento de enfermedades contagiosas, las transmitidas por animales, la salubridad y programas de prevención.
Por lo tanto, si en Ceuta existe un riesgo sanitario, debería ser el Consejo de Gobierno de Ceuta, como órgano colegiado que ostenta las funciones ejecutivas y administrativas de la ciudad autónoma el que debiera solicitarlo. Y, no el presidente del Partido Popular, que ha cambiado en cuestión de minutos, su petición de «confinar Ceuta» por «la población migrante de Ceuta».
Los riesgos sanitarios son todas aquellas situaciones, condiciones o agentes que pueden poner en peligro la salud de las personas. Es evidente que la propagación de enfermedades como la sarna y la gastroenteritis, son infecciones que se contagian con facilidad entre personas que conviven con mala higiene. Y, que se contagian con facilidad en lugares de hacinamiento. Pero, una cosa es pedir medios y servicios básicos. Y, otra muy diferente es hablar de riesgo sanitario y pedir confinamiento.
Una cosa es identificar y prevenir estos riesgos que radican en la capacidad que tienen de desencadenar enfermedades, brotes epidémicos e incluso pandemias. Pero, hemos de ser cautos, no crear alarmismo y considerarlo un problema de salud pública. A lo que la ministra de Sanidad, Mónica García, ha respondido que el confinamiento «no solo no parece que esté justificado, sino que podría ser contraproducente» además de que «parece injustificado y totalmente desmesurado si la justificación esgrimida son motivos de salud pública«.
Cuando hablamos de salud pública no podemos criminalizar y fomentar prejuicios sociales contra los colectivos más vulnerables, en este caso los inmigrantes. Porque es muy peligroso, relacionar el riesgo sanitario y la xenofobia. Que existan unos casos de sarna, gastroenteritis, varicela o tuberculosis, supondrá el aislamiento, estudio y protocolos a las personas infectadas. Pero, no a todos los inmigrantes que están en Ceuta. Como pasaría si fueran ciudadanos españoles, los que estuvieran infectados.
El perfil epidemiológico de una persona depende, entre otros factores, de la prevalencia de determinadas enfermedades en su lugar de procedencia, de su cobertura vacunal y de sus condiciones sanitarias. Por eso, precisamente cuando viajamos a determinados países existen recomendaciones de vacunación y vigilancia epidemiológica. Que por desgracia no se cumplen con los inmigrantes cuando llegan a nuestras fronteras. Pero, eso no significa que los inmigrantes nos traigan enfermedades.
Es cierto que la salud pública debe proteger a todos: a lo que llegan y a los que están. La primera obligación es ofrecer unas instalaciones y unos servicios básicos a los inmigrantes. Que impidan el hacinamiento y la falta de salubridad. Teniendo una vigilancia sanitaria adecuada. Y, otra muy diferente es crear miedo, rechazo y hostilidad contra unas personas que están en la calle y que tienen miedo a cualquier reagrupación, por miedo a que los expulsen. Hemos de ser muy cautos con la
xenofobia y más aún con la
aporofobia.