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Crisis de solidaridad en Ceuta.

El culpable de la crisis de solidaridad en Ceuta es el Gobierno de España. No se puede tardar más de veinte días en dar una solución a una crisis humanitaria. Entraron 72.000 migrantes en Ceuta y regresaron 70.000 a Marruecos.Pero, el Gobierno de España parece que estaba convencido que si no hacía nada, si no ofrecía unos servicios básicos: todos los inmigrantes se irían voluntariamente a Marruecos.

Pero, resulta que unas 2.000 personas entre adultos y menores se han quedado en Ceuta, en la playa del Trampolín o vagabundeando por Ceuta. Con toda la precariedad y en una crisis de solidaridad a los inmigrantes, que está repercutiendo también, en el bienestar de los ceutíes.

Se ha querido forzar la falta de solidaridad para intentar que la crisis se solucionara sola, sin hacer nada. Una forma de evitar el problema a corto plazo, incluso decir que el problema no existía. Hablando incluso de vuelta a la normalidad. Cómo en las primeras declaraciones de Grande-Marlaska tras la entrada masiva en Ceuta, asegurando cuando aseguró que la ciudad había recuperado una «relativa normalidad» en apenas 24 horas después.

El Gobierno de España quiso evitar el problema, haciendo ver que el problema no existía, y todo solucionado. Incluso negando la responsabilidad de Marruecos, echando la «culpa a las mafias», por parte de Pedro Sánchez, en su visita a Ceuta. Ha faltado valentía frente a Marruecos, ha sobrado diplomacia. Pero, sobre todo han faltado soluciones en tiempo real, para evitar una crisis de solidaridad con los inmigrantes y con el resto de la población de Ceuta.

Con la lentitud y la ineficiencia del Gobierno de España, les han hecho el mayor favor al PP y a la extrema derecha. Además, de perder credibilidad, han aumentando los sentimientos racistas y homófobos de una parte de la población. Una patata caliente que solo beneficia a la extrema derecha. Que tiene una difícil solución y que si descartamos la devolución a Marruecos, solo queda el reparto de inmigrantes entre las Comunidades Autónomas. Con prioridad a los menores y especialmente las niñas.

Pero, resulta que la crisis de solidaridad, se convierte en un tema político. Porque el Partido Popular tiene acuerdos con la extrema derecha, donde se niegan a aceptar nuevos repartos de inmigrantes. Y, que Ceuta no puede absorber la solución, sin ayuda. Algún día tendremos que aceptar, que Ceuta y Melilla son tan españolas, como Gibraltar es un territorio británico. Y, al igual que España mantiene su reivindicación histórica de soberanía sobre Gibraltar. Marruecos tiene la misma postura con Ceuta y Melilla.

Mientras las autoridades gibraltareñas han sabido crear un paraíso socioeconómico de Gibraltar. Ceuta y Melilla son dos ciudades españolas en el norte de África, que sufren un olvido económico y social. Además, de la separación entre dos sociedades: la española y la también española pero de origen magrebí y religión musulmana.

Donde los defensores más radicales de la identidad española de las dos ciudades autónomas temen por el crecimiento demográfico de la población musulmana y de la inmigración. Cuanto más intensa es la islamización, más crecen los afectos a Marruecos y más crece la radicalidad españolista. Donde irrita la política fronteriza e inmigratoria del Gobierno actual.

Marruecos no va a cejar en defender sus intereses y tiene en sus manos el abrir sus fronteras como forma de guerra híbrida contra España. Que podemos circunscribir  desde la independencia de Marruecos en 1956/57. Pasando por la Marcha Marcha Verde de 1975. El asalto masivo a la frontera terrestre de Melilla en  junio de 2022. Y, ahora el 30 de julio, en Ceuta.

La frontera sur de Europa de Ceuta y Melilla, tiene un incremento progresivo de ciudadanos marroquíes que cruzan para
trabajar, comerciar o adquirir bienes. Aparte, de la presión migratoria irregular de marroquíes y de migrantes subsaharianos. No hay frontera que lo pueda detener y mucho menos, si Marruecos no lo impide.

Marruecos emplea a su población y al resto de inmigrantes africanos como forma de presión a España. Tácticas no convencionales, que evitan el enfrentamiento directo y dificultan la respuesta española. Para conseguir sus propósitos. Que ya consiguieron con el Sáhara Occidental, que el Reino de Marruecos reclamaba como parte de su país.

El problema es de España, pero también lo es de la Unión Europea. Al final es una gran crisis de solidaridad de Europa con África. Se pueden poner más kilómetros de vallas y más altas. Boyas en el mar, sofisticados elementos de vigilancia y más efectivos de vigilancia. Pero, eso nunca impedirá la inmigración irregular.

Mientras tanto Marruecos seguirá con sus reivindicaciones de soberanía sobre Ceuta y Melilla. Una cuestión que algún día debe plantearse España como tema de Estado. Donde las soluciones son todas complicadas y que tienen que ver, también con las relaciones comerciales y con una guerra híbrida entre ambos países.

De momento esta crisis humanitaria, pasa por solucionar una crisis de solidaridad. La totalidad de las Comunidades Autónomas tienen que repartirse los menores que han entrado en Ceuta. Y, a esperar que España y Marruecos sean capaces de buscar una solución, a un problema encallado. Al final, todo se basa en la solidaridad y el cumplimiento de los derechos humanos.

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