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Sembrar odio, es recoger violencia.

Se dice popularmente que: “el que siembra, recoge”. Sembrar odio, es recoger violencia. Si se siembra odio en Ceuta, solo se recogerá más odio y violencia. Ninguna excusa justifica ni el odio, ni la violencia, ni siquiera el hartazgo de la ciudadanía de Ceuta. Cuando se oye en las calles: «Pedro Sánchez, hijo de puta», «invasores», «a por ellos», «la Cruz Roja es una mafia». Se pregunta uno, para qué sembrar odio, quemar y destruir las chabolas de la playa del Trampolín. Cuando todos sabemos que la violencia no soluciona nada y engendra siempre más violencia.

Ceuta es una ciudad muy solidaria, una ciudad que vive una situación excepcional, por su ubicación. Durante casi un mes, la población ceutí está conviviendo con miles de personas deambulando por las calles, con una permanente incertidumbre. Donde se han repartido platos calientes, botellas de agua, prendas de vestir, calzado e incluso permitiendo que los recién llegados pudieran ducharse.

Aparte, de la ímproba labor de las ONG en Ceuta, con una labor humanitaria de asistencia diaria, con reparto de alimentos, gestión de refugio y asesoramiento orientado a exigir asilo y protección internacional. Donde la Cruz Roja, desde la entrada masiva del 30 de julio, ha puesto su foco en el reparto de miles de comidas, aparte de aportar con su labor mejorar la situación de desamparo tanto de la población local, como de las personas migrantes.

No se puede sembrar odio a través de las redes sociales para boicotear el reparto de comida y suministros que la Cruz Roja hace cada tarde a los migrantes. Y, además proferirles gritos de «traidores» y «Cruz Roja es una mafia«. Un mensaje similar al de la extrema derecha que arremete contra las organizaciones religiosas y civiles que colaboran con los migrantes.

El odio solo engendra violencia. El «a por ellos», es la respuesta al mensaje de la extrema derecha. Donde Abascal urge a expulsar a los inmigrantes que han entrado en Ceuta desde Marruecos y Figaredo reclama «cazar» y «pescar«. Son los que cobardemente se han juntado para destruir y quemar las chabolas de la playa del Trampolín.

La respuesta al retraso de medidas del Gobierno de España, no puede ser la excusa para tomarse la ley por su mano. Buscando en el odio y la violencia la solución. Sembrando el desprecio y el miedo. Expulsar a los inmigrantes violentamente, no significa más prosperidad económica para Ceuta, ni contribuye a un mejor servicio de salud, ni a una rebaja de impuestos. Solo sirve para expandir la xenofobia y el racismo.

Sembrar odio es recoger violencia, por ambas partes. Como en la agresión de un grupo de inmigrantes esta madrugada, contra un vehículo militar español, causando heridas a cuatro militares. Lanzando piedras de grandes dimensiones. Ceuta es una ciudad que necesita ayuda y solidaridad. Pero, no violencia.

El hartazgo de los ciudadanos ceutíes no puede resquebrajar la convivencia, ni se puede admitir que la extrema derecha lo utilice para instar a la población a ir contra los migrantes. La solución no es tomarse la justicia por su mano. Ni creer que «lo que no arreglan los políticos, lo tiene que arreglar el pueblo«.

El lema de «solo el pueblo, salva al pueblo«,  que se popularizó tras la devastadora Dana que golpeó a la Comunidad Valenciana a finales de octubre de 2024. No es cierto. En una democracia es el Estado y sus instituciones las que deben solucionar los problemas y con legalidad. Todo lo demás son populismos basados en el odio.

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