Hoy podría hablar de la entrevista en RTVE de Rodríguez Zapatero, de la defensa de su «inocencia absoluta» y de la falta de explicaciones. De como dice el expresidente del Gobierno «quien insinúa, quien acusa, tiene que probarlo«. Y además, «asumir la responsabilidad» si los hechos no son ciertos. De momento lo dejamos en su derecho a la presunción de inocencia. Prefiero hablar de la insolidaridad con Venezuela.
Las noticias monopolizan el espacio informativo y ocupan las redes en las que se desarrollan las relaciones sociales de la mayoría. Se mantienen por algunos días y luego son desplazadas por otras noticias. Por conveniencias informativas o incluso con marcados intereses por parte de muchos medios de comunicación. El 24 de junio hubo un primer terremoto de magnitud 7,2 en Venezuela, seguido de un segundo de magnitud 7,5.
Los primeros días comenzó una ola de solidaridad internacional, centrados en la búsqueda y rescate de personas. Acabada esta primera fase, comienza la atención de las personas que perdieron sus viviendas, la protección de las familias damnificadas, el apoyo a los servicios básicos, la recuperación de cadáveres y el inicio de la recuperación.
Se confirman ya 5.398 muertos y 16.740 heridos. Pero, ahora es muy importante la solidaridad internacional, es fundamental en la asistencia humanitaria y en la reconstrucción. La Guaira, es una de las zonas más golpeadas por los terremotos, donde según datos oficiales, 856 edificios resultaron afectados, de los cuales 190 colapsaron. Un impacto que alcanza a unas 70.000 familias.
Desde el 3 de enero de 2026, fecha en que se produjo el secuestro ilegal del presidente Nicolás Maduro y su esposa, por parte de Estados Unidos. Venezuela es ahora un país tutelado por Estados Unidos. Un país que ya registraba niveles alarmantes de pobreza y desigualdad, a pesar del petróleo. Donde el ascenso de Hugo Chávez en 1999, no fue fortuito, sino la respuesta contra el descontento social, las diferencias y la corrupción. El proceso bolivariano quiso acabar con una élite económica con intereses extranjeros, redistribuir la riqueza y empoderar al pueblo. Pero, no lo consiguió. Ni Chávez, ni su sucesor Nicolás Maduro.
Pero, ahora la responsabilidad es de Estados Unidos, que llevan siete meses recibiendo miles de millones de dólares generados por la venta de petróleo. Y, con su insolidaridad con el pueblo venezolano. Entre un gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez que busca contentar a Estados Unidos. Y, con una oposición liderada por María Corina Machado que reclama elecciones presidenciales, pero que no cuenta con el apoyo de Trump.
Estados Unidos no está interesado en la democratización de Venezuela y mucho menos en su reconstrucción. A Donald Trump solo le preocupa mantener el control sobre los ingresos petroleros. Cuando hay una catástrofe más allá de la emergencia inmediata, es necesaria la solidaridad como apoyo concreto para quienes perdieron familiares, viviendas, ingresos y servicios básicos.
Es un caso similar a lo que pasó en el terremoto de Haití el 12 de enero de 2010. Un devastador terremoto de 7,3 grados de magnitud con más de 220.000 personas que perdieron la vida y más de 300.000 heridos. Las promesas de la solidaridad internacional, se convirtieron en olvido e insolidaridad. Dieciséis años después, siguen con infraestructuras sin reconstruir y carencia total de recursos económicos. A lo mejor la diferencia es que Haití no produce, ni exporta petróleo y Venezuela posee alrededor del 17 % de las reservas mundiales.
Pero, de nada sirve el petróleo, si solo sirve para que las empresas energéticas estadounidenses puedan hacer grandes fortunas. La insolidaridad con Venezuela por parte de Estados Unidos es notoria. Además, tenemos que recordar el desmantelamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) por parte de Trump, que se creó con el fin de ayudar a terceros países. La ayuda de Estados Unidos representa la mayor parte de los esfuerzos de socorro a nivel mundial. Sin la ayuda de Estados Unidos, Venezuela está condenada a ser un país olvidado a su destino.
La insolidaridad con Venezuela del Gobierno estadounidense, no puede ser suplida por las naciones Unidas, organizaciones no gubernamentales y resto de solidaridad internacional. Ni con todas las aportaciones personales. Mientras tanto, la producción de petróleo sigue adelante y sigue aumentando gracias a las inversiones de Estados Unidos. Pero, no así la ayuda para la reconstrucción y la democratización del país.
Hoy que todos los focos mediáticos están puestos en las declaraciones de Rodríguez Zapatero, casi nadie repara ya en Venezuela. Ha pasado apenas un mes y Venezuela como noticia ha sido desplazada de la actualidad. Ya ha pasado la noticia de la búsqueda y rescate de personas. Igual que pasó la noticia del secuestro ilegal de Maduro y su esposa. La reconstrucción de la zona de La Guaira y buscar soluciones a las personas damnificadas, pasan a un segundo margen, igual que ha pasado con los palestinos y la reconstrucción de la Franja de Gaza.
La insolidaridad con Venezuela, con Haití, con la Franja de Gaza es lo normal en un mundo, donde lo importante no es ayudar a otros países. Sino obtener más ganancias para Estados Unidos y otras naciones. La falsa solidaridad es simplemente una cuestión que llena espacios informativos, en la que la sociedad internacional olvida su manera de abordar la ayuda humanitaria a nivel mundial. Principalmente a los países pobres y también en este caso de Venezuela, aunque tenga petróleo.
