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La soberanía nacional no se debe mezclar con el racismo.

La soberanía nacional no se debe mezclar con el racismo. Hoy 2 de septiembre Día de Ceuta. La FEMP representando al municipalismo, ha convocado concentraciones frente a los ayuntamientos de toda España, para mostrar solidaridad y apoyo con la ciudad autónoma de Ceuta y en defensa de la soberanía nacional. El PSOE piensa que el PP quiere hacer una utilización partidista y electoral, para ir en contra del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

Una serie de municipios socialistas han acudido a la concentración pese a la negativa del PSOE. El resto de la izquierda en general se muestra crítica y ha convocado concentraciones antirracistas paralelas. La convocatoria de la FEMP es apoyada por el PP y Vox, los dos partidos defienden la soberanía nacional de Ceuta y los dos han firmado pactos autonómicos en los que no aceptan el reparto de menores migrantes. Hablan de soberanía nacional y de expulsión de los migrantes a Marruecos. Hablan de soberanía nacional y de racismo, a la vez.

La defensa de una frontera no debería de ser una forma de racismo. La aplicación de una ley migratoria no debería tener espacio para la xenofobia. Y, sobre todo defender la soberanía nacional, no debería implicar la discriminación de ninguna persona. Porque en un Estado de derecho, aparte de cumplir con la legalidad en los procesos de repatriación, se ha respetar los derechos humanos de todas las personas. Algo, que se llama dignidad. Porque algunos inmigrantes, no son rubios, ni blancos, ni cristianos, pero tienen los mismos derechos.

El Día de Ceuta ha servido para reunir a miles de ciudadanos a las puertas de los ayuntamientos de toda España, para mostrar su solidaridad y reivindicar la soberanía nacional de Ceuta y de España. Pero, también se ha manoseado el Día de Ceuta, para utilizarlo de manera partidista, con fines electorales y objetivos racistas. Que ha servido además, para que se mezclen en las convocatorias ciudadanas, personas violentas, intolerantes y racistas. En la que no caben los insultos al presidente del Gobierno, gritos racistas, comportamientos intolerantes con la prensa y violencia callejera.

Porque aunque todos los nacionalismos, incluido el español, tienen algo de racistas. La soberanía nacional reside en el pueblo y de de él emanan los poderes del Estado, tal  como dice nuestra Constitución. Y, en el artículo 2 se predica la unidad como elemento esencial, reforzado con los calificativos “indisoluble”, “común” e “indivisible”. Ceuta es una ciudad española. Pero, dichas convocatorias no pueden olvidar el verdadero objetivo y utilizarlo contra el Gobierno de una manera desleal y partidista.

No se puede pedir solidaridad, cuando se niega solucionar el problema humanitario de Ceuta, con el rechazo del PP y Vox, al reparto de menores menores por las 17 Comunidades Autónomas. No se puede mantener una emergencia humanitaria en Ceuta, con miles de menores y adultos abandonados en las calles. Si hablamos de soberanía nacional, de España, hablamos de una nación que tiene el tamaño, los recursos y las capacidades económicas para absorber a los migrantes de Ceuta, hasta que se encuentre la solución de su repatriación o de acogimiento.

Cuando se habla de soberanía nacional, hablamos de Ceuta, de Melilla y de todo el resto de España. Porque si la soberanía es de todos, la solidaridad también lo es de todos. No hay que hablar tanto de solidaridad y hay que practicarla. Si los ceutíes han respondido con madurez y responsabilidad, ahora es el resto de España, la que tiene que ayudar a Ceuta. Y, es el Estado el que tiene que buscar los mecanismos para solucionarlo. Buscando soluciones jurídicas y humanas para los migrantes, donde la dignidad y los derechos humanos prioricen.

El migrante, refugiado, desplazado aspira a mejorar su vida, sus condiciones, a que se le reconozca alguna identidad y unos derechos básicos. El Gobierno de España ha negado por inacción, durante más de tres semanas, una realidad que existe en las calles y playas de Ceuta. Han negado su existencia, su precariedad y su exclusión posterior. No los vieron llegar y ahora tampoco los quieren ver. La crisis humanitaria de Ceuta solo favorece a la extrema derecha y a sus ideas racistas. Cada día que pasa en Ceuta sin soluciones, son más votos a la extrema derecha. Más concentraciones llenas de odio, intransigencia y violencia.

Pedro Sánchez se ha equivocado, pensando que si no hacía nada, los migrantes retornarían a Marruecos. Han creado el escenario que buscaba la extrema derecha, para extender el odio y ganar votos. El Partido Popular lo está aprovechando electoralmente, mezclando la soberanía nacional con el racismo. Sin olvidar que ellos son los que tienen la llave, para admitir los repartos de migrantes en las autonomía que ellos gobiernan. Y, por lo tanto, liberar a Ceuta de su crisis humanitaria a la población ceutí y a los los migrantes recién llegados.

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