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La libertad de información está en peligro.

El periodismo y la libertad de información en España ha vivido muchas transiciones a lo largo de los años: desde el control y la censura franquista, hasta la pluralidad de la democracia. Desde la exclusividad de medios públicos a la diversidad de medios privados. Del dominio de la prensa escrita al dominio digital. De la importancia del «cuarto poder» a la práctica exclusividad de las redes sociales como vehículo de información y de entretenimiento.

La instrumentalización política existía durante la dictadura franquista y después ha continuado durante la democracia. Donde la supuesta vocación de neutralidad y servicio público, han sufrido las presiones del gobierno de turno, limitando su libertad de información. Ha sido el caso concreto de RTVE y de las televisiones autonómicas. A lo que se añadió la contrabalanza de los medios privados, ofreciendo su objetividad, credibilidad y diversidad ante la ciudadanía. Contrastando fuentes, evitando juicios sin pruebas y contextualizando los datos. Pero, se nos olvidó que cada una de las empresas periodísticas, tienen un sesgo y unas exigencias económicas con su accionariado y anunciantes.

Los medios de comunicación privados dejaron de informar para desinformar, para intentar manipular. Escogiendo datos que refuerzan su relato y omitiendo los que lo desmienten. Los hechos son diferentes en la narrativa de cada medio, utilizándolos como un ataque contra otro medio o determinado sesgo político. Los medios de comunicación han dejado de informar, interpretando la realidad según su ideología, con las exigencias de su accionariado o de la actualidad cambiante.

El derecho a la información permite que la ciudadanía esté bien informada para que pueda ser libre. Pero, en un momento de tanta polarización, es complicado elegir un medio periodístico. Porque cada uno tiene su particular identidad, también los medios públicos. Porque todos los medios periodísticos aparte de su misión informativa, son instrumentos de poder político, económico y cultural, con el fin de conseguir audiencia y fidelidad ideológica.

La libertad de información debería ser un bien común y para ello se debería de basar en hechos contrastados, pluralismo real y análisis crítico. Pero, al final hay casi tantas realidades contadas, como medios. Donde el periodismo se ha mezclado con opiniones de tertulianos y colaboradores que añaden a la información, su particular opinión sesgada. Es difícil que los medios públicos no lo hagan y por lo tanto se añaden a esa supuesta información desinformada. Donde solo la inteligencia de cada lector, oyente o televidente tendrá que comparar y escoger la que crea que es más acertada o que está más próxima a sus ideas.

La imparcialidad, la objetividad no existe. Y, nuestro derecho a recibir información de lo que ocurre y de lo que no ocurre, siempre será del color del cristal no con que se mira, sino con el color que nos informan. Confunden informar con opinar, convirtiéndose en jueces, en lugar de ser periodistas. Olvidando la ética periodística que debería ser su único deber y cediendo a las conveniencias del poder político, ideológico o económico. Porque nunca en la libertad de prensa deberían tener cabida las mentiras, los bulos y los insultos. Pero, por desgracia se han convertido en lo cotidiano y lo normal. Que no tiene nada que ver con la información honesta, responsable e imparcial.

El periodismo profesional se ha convertido en paralelo al periodismo aficionado de las redes sociales, donde el odio, el insulto y el descrédito han sustituido a la información y a la verdad. En estos últimos tiempos hay un acoso a la prensa por parte de grupos de extrema derecha, donde numerosos periodistas han sido increpados y acosados mientras trataban de informar. En especial de los medios públicos, por creer que defienden los intereses del actual Gobierno de Pedro Sánchez. Aunque fuera así, una sociedad democrática no puede atacar a periodistas, reporteros y cámaras por realizar su trabajo de informar.

Los insultos, intromisiones, empujones y otros actos violentos no son admisibles, impidiendo realizar su labor informativa. Para amedrentar a quienes informan sobre el racismo y la xenofobia. Lo que supone el desprecio hacia la libertad de prensa y a proteger el ejercicio profesional de los periodistas. Que es fundamental en cualquier sociedad democrática. Donde es necesario que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, identifiquen a los responsables y se aplique la ley con firmeza. Porque es la única manera de atajar este problema la campaña de instigación por parte de organizaciones de ultraderecha que promueven el odio, el racismo y la xenofobia a los profesionales de la información.

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