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La palabra «persona» importa y mucho.

La palabra «persona» importa y mucho. No es lo mismo hablar de «persona», que de «migrante». Cuando se publica: «Mueren más de 80 personas en un cayuco rescatado al sur de Canarias«. Es diferente a decir: «Mueren más de 80 migrantes en un cayuco al sur de Canarias«.

No es necesario añadir a la palabra persona, el adjetivo «migrante», como adyacente o complemento del nombre, especificando qué tipo de personas son. El núcleo del sujeto es «personas», no es necesario catalogarlas como «migrantes», para diferenciarlas y decir que son personas procedentes de otro lugar. Las que han fallecido son únicamente personas

En los medios de comunicación, en las redes sociales, incluso en este blog, aparece la palabra migrante o inmigrante de forma habitual y nos olvidamos que estamos hablando de personas, de seres humanos. La forma en que se habla de los migrantes de manera cotidiana importa y mucho. Sobran las etiquetas.

Mientras se desarrollaba el Pleno extraordinario del Congreso de los Diputados, para rendir cuentas sobre la gestión de la crisis migratoria y humanitaria ocurrida en Ceuta a finales de julio. Nos enteramos del salvamento de un cayuco procedente de Gambia que salió hace 27 días con 128 ocupantes. En el cual han fallecido más de 80 personas, entre ellas una bebé.

Cuando se dice que han «fallecido más de 80 migrantes» parece que no ha pasado nada. Sin embargo la percepción que se tuvo del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) que causó 46 víctimas mortales, fue totalmente diferente. Cada persona que falleció en Adamuz fue sentido por toda la sociedad, sin embargo las personas que han fallecido durante la travesía de este cayuco son ignoradas.

Pasa lo mismo con las personas que atravesaron la frontera de Ceuta a finales del mes de julio. Porque en esta sociedad, parece que miramos hacia otro lado, cuando a las personas las etiquetamos como migrantes, gitanos o simplemente pobres. Las palabras que elegimos, la manera en que nombramos, las etiquetas que ponemos a las personas nos condiciona totalmente nuestros sentimientos, nuestras reacciones, nuestros comportamientos.

El lenguaje de la migración es un ejemplo de racismo, en la que en función de su género, raza, religión o discapacidad se segregan los derechos a las personas. Olvidando que son seres humanos con derechos, historias y dignidad antes de recibir cualquier etiqueta legal o administrativa.

No hemos de acostumbrar a emplear la palabra persona, para comenzar a tratar a todos los seres humanos de la misma forma. El lenguaje importa. Las palabras colaboran a perpetuar una sociedad sexista, misógina, excluyente y racista. El lenguaje no es el culpable, es su uso, somos nosotros.

Cuando en una noticia, en una conversación hablamos de migrantes, construimos un pensamiento que define y desarrolla nuestros propios sentimientos. Así como nuestra predisposición, desde la propia identidad y la convivencia con los demás. No debemos tener sentimientos diferentes hacia los que vienen de otro país. Tenemos que tratarlos simplemente como personas.

No debemos emplear las palabras migrantes, emigrantes o inmigrantes como si se tratase de un colectivo ajeno y diferente. La palabra persona nos ayuda en la lucha por la igualdad. ! Basta ya de racismo y de aporofobia !

Algún día nos convenceremos de qué todas las personas son iguales y merecen el mismo trato y que tienen que tener los mismos derechos. Algún día seremos capaces de guardar un minuto de silencio por la muerte de unas personas, que dejaron sus países buscando un presente y un futuro.

Es un asunto relativo a la convivencia y al respeto a los derechos humanos. Acabar con las discriminaciones históricas,  comprometernos con la igualdad y en definitiva con la humanidad. Pensemos en lo que significaría el fallecimiento de más de ochenta personas. Y, lo poco que nos preocupa la muerte de más de ochenta personas de diferente pais, color y religión. Descansen en paz.

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