No habrá igualdad en esta sociedad mientras existan estereotipos, prejuicios y discriminación. Existe en el inconsciente social unos estigmas que se desencadenan en ideas previas, que en general, son tomadas como referencia de análisis para las personas e ideas que nos rodean. Son la elaboración, construcción y reproducción de argumentos basados en lo diferente. Solo lo que consideramos diferente nos hace crear estereotipos en contraposición a lo que consideramos como normal. Los estereotipos son la expresión de un prejuicio, en la que definimos antes de conocer. Es cuando, decimos que «no nos gusta», pero no tenemos una explicación lógica para dicha afirmación. Tenemos estigmas por raza, sexo, nación, creencias, orientaciones o por repulsiones, que nos hace crear una discriminación social negativa. Donde inconscientemente creamos una dicotomía entre normal y anormal, entre bueno y malo. Entre inmigrantes y nacionales, entre homosexuales y heterosexuales, entre gitanos y payos, entre personas con capacidades diferentes y los llamados «normales», entre personas sin recursos y con recursos… Es curioso, que nos cerramos a aceptar la diversidad, a entender que hay personas e ideas diferentes a las nuestras.

El machismo ha creado unos estereotipos de género hacia las mujeres, tradicionalmente con un contenido negativo, que impiden favorecer la equidad y la paridad de género que busca el feminismo. Los prejuicios sexistas no han desaparecido, sino que se han hecho más sutiles, adoptando nuevas formas. El machismo enraizado en nuestra sociedad hace persistir las diferencias entre hombres y mujeres, por muchas acciones que se hagan en el plano legal, social, político, económico y cultural.  El ideal de igualdad de género está aún muy lejano y eso es palpable en la constante violencia machista. Sigue la creencia de que los hombres y las mujeres son dos bloques monolíticos y claramente diferenciados, donde el hombre quiere tener la superioridad sobre la mujer.

Nuestra sociedad niega y castiga lo diferente, nos obcecamos en valorar a las personas y a las ideas, entre normales y anormales. Buscando una falsa uniformidad, donde muchos escapamos de ella. Tenemos demasiados prejuicios y sesgos, que nos predispone a adoptar comportamientos negativos hacia personas, prescindiendo de la realidad y del conocimiento. Discriminando, generando exclusión, rechazo e indiferencia, ocasionando intolerancia, que se basan en los prejuicios. Donde el racismo, la xenofobia, la homofobia y la violencia machista, entre otros, siguen en nuestra sociedad y en nuestras relaciones interpersonales, respondiendo a modelos, valores, comportamientos y actitudes que persisten en nuestras actitudes y que son la explicación de tantas desigualdades.

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