A los tres poderes clásicos del Estado: el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial, hay un «cuarto poder» que son los medios de comunicación. Y, su capacidad de incidir en nuestra forma de pensar y de actuar.
Vivimos en una época donde el acceso a la información y los medios para publicarla, cada vez están más presentes en nuestra sociedad. Donde los medios de comunicación digitales, junto con las redes sociales, han conseguido además, la inmediatez.
Pero, también se ha incrementado la falta de verificación y la facilidad para publicar contenidos falsos, distorsionados o interesados. El «cuarto poder», sea digital o analógico, siempre ha tenido una postura ideológica, política, económica o comercial, que nos obliga a que desarrollemos un pensamiento crítico y a contrastar la información.
La manipulación en los medios de comunicación ha existido siempre, con la intención de engañar o desinformar. Pero, los medios digitales han conseguido gracias a su inmediatez, el difundir noticias falsas, manipulando o haciendo daño de una manera mucho más rápida. Llegando a un gran número de personas gracias a internet.
Se puede creer en la causalidad como principio u origen de algo. Desde una perspectiva racional, las casualidades son una cuestión de azar. Pero, no saber el por qué sucede algo, no significa que sea fortuito, casi siempre tiene un motivo.
Ahora, parece que se aglomeran excesivas casualidades en contra del PSOE. Como pasó en su tiempo con el lawfare contra Podemos y los partidos nacionalistas catalanes. Que ni el PSOE, ni el Gobierno de España, nunca le dieron demasiada importancia. Y, que ahora se la dan.
José María Aznar, ha vuelto dar su mensaje golpista, del «que pueda hacer, que haga» como ya dijo en 2023. Donde cierta parte del «cuarto poder» está siendo parte de ese «hacer». Teniendo una manipulación informativa deliberada. Los medios de comunicación no deberían ser propagadores de ideas políticas, de sectarismo y de estimulación de emociones. Deberían de tener como principal obligación contar la verdad y no actuar como poder o contrapoder.
Hay actualmente una serie de medios de comunicación que parece que tienen el objetivo de acabar con el Gobierno de coalición. Donde rompen su deber de imparcialidad, juzgando y culpabilizando a los protagonistas de la noticia. Se están olvidando que el periodista debería limitarse a informar. Y, el lector, el oyente o televidente sea el que se forme un juicio. El «cuarto poder» no está para «el que pueda hacer, que haga», sino para informar.
Es tan inadmisible, la manipulación de los medios públicos para favorecer a los que mandan. Como la de los medios privados, que convierten su línea editorial en la del partido que son afines o les paga. La lucha por el relato es misión de los partidos políticos, pero no del periodismo.
Han existido recientemente en las informaciones contra el «procés» catalán. En los ataques sin pruebas contra Podemos. La condena al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. El ataque a la mujer y al hermano de Pedro Sánchez. O, a la corrupción del PSOE, olvidando la del Partido Popular. Y, ahora la imputación a Rodríguez Zapatero.
Nos hemos acostumbrado a las declaraciones sin preguntas, a la imprecisión, a la falta de verificación, a los bulos, a la desinformación y al partidismo, Los medios de comunicación deben de tener en la verdad y en la objetividad sus principales aliados y nunca emplearse en ser poder o contrapoder.
En España tenemos la experiencia, de lo que hicieron algunos medios de comunicación después de los atentados del 11 de marzo de 2004. Creando una teoría de la conspiración, en la que prefirieron mantener la versión de que ETA estaba detrás de los atentados. Negando incluso la autoría yihadista y utilizando dicha teoría de la conspiración, para atacar el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero.
Si nos remontamos más atrás, en la última legislatura de Felipe González (1993-1996), ciertos medios de comunicación conservadores y de derechas con sede en Madrid. Con el «váyase señor González», otra frase famosa de José María Aznar. Tuvieron el objetivo de desgastar, desestabilizar y forzar la caída del gobierno socialista. Lo que se conoció como la «Brunete mediática» en relación la unidad militar del Ejército español y su disposición a intervenir en golpes de Estado.
Ahora, parece que de nuevo, una confabulación jurídico mediática, se ha empeñado en echar a Pedro Sánchez y al PSOE del Gobierno de España. Donde una parte del «cuarto poder», también hace lo que puede. Escondiendo un ánimo manipulador, concediéndose una representación de la opinión pública, que solo la conceden las urnas.
Son los medios los que marcan la agenda de la actualidad, los que con sus titulares intentan influir en todos nosotros. Los que llegan no a tener primicias, sino a tener información privilegiada. Elevando lo anecdótico a categoría de noticia. Donde no importa faltar a la verdad para desinformar y manipular a la opinión pública. Un «golpe blando» que puede tener resultados muy negativos para nuestra democracia.
