El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, en una conferencia de clausura bajo el título «El colapso de la democracia«. Ha mostrado un cinismo hipócrita al afirmar parafraseando a Agustín de Hipona. Que “cuando un Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones. A los hechos me remito”. Un cinismo, entendido no como la filosofía griega antigua, que buscaba la verdad mediante la crítica social. Sino con la doble moral y la hipocresía de una institución que tiene mucho que callar.
El cinismo de la Iglesia parte de la virtud y de una cierta soberbia. En la que siente protegida ante el encubrimiento de escándalos históricos y su posterior minimización o justificación. Una institución basada en la jerarquía y el dogma, que no aplica la democracia, pero que se atreven a hacer política. Con el aborto, los métodos anticonceptivos, la eutanasia. Y, su posición ante los que no son heterosexuales e incluso a sugerir el voto a determinados partidos políticos afines.
Es la misma Iglesia que llevó bajo palio durante casi 40 años al dictador Franco. Cuando sus obispos saludaban brazo en alto junto al dictador y los curas desfilaban con las tropas golpistas. Esa Iglesia que tiene más del 80% del patrimonio histórico-artístico de España, con inmensas propiedades inmobiliarias y agrícolas. La misma que desde 1998 y gracias a una ley franquista de 1946, inmatriculó propiedades a su nombre.
Sin olvidar que la Iglesia ha escondido a sus pederastas y que ha tenido miles de miembros de la Iglesia que han abusado de niños y niñas. Ahora, se permite el presidente de la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, hablar del colapso de la democracia y de acusar que “cuando un Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones”.
Un Estado aconfesional que tiene los Acuerdos de 1979 con la Santa Sede, que sustituyeron al Concordato de 1953 y que estructuran unos privilegios en materia jurídica, económica, educativa y religiosa. Una Iglesia que se sobreestima y que pretende darnos explicaciones sobre el colapso de la democracia, que ellos no utilizan en su institución. En la que piden que sus fieles acepten unas determinadas referencias éticas.
Un cinismo hipócrita de una Iglesia con pecados secretos no confesados. Que se atreve a hablar de ética y de acusar que “cuando un Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones”. Aparte de cuestionar que el Estado tiene que mantener una verdadera neutralidad en cuestiones relacionadas con la vida, el sexo o la identidad. Pero, que ellos no guardan. Reivindicando el principio de subsidiariedad y advirtiendo del riesgo de que el Estado sustituya progresivamente la iniciativa de la sociedad civil mediante un modelo basado en ayudas permanentes.
Lo que ha provocado la respuesta del Gobierno, a través de una carta del ministro de Presidencia, Félix Bolaños. que muestra su “sorpresa” y alude directamente a la expresión “banda de ladrones”. “Para mostrarle que su razonamiento no es solo injusto, sino profundamente contraproducente, con la siguiente pregunta: “¿Qué le parecería si un miembro del Gobierno calificase a la Iglesia entera como banda de agresores sexuales? A las pruebas me remito».
«Evidentemente sería falso y profundamente injusto”, le dice Bolaños al presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello. Está claro que la Iglesia española se cree con la potestad de poder hacer política y de hacer partidismo «en favor de las fuerzas de la derecha y la ultraderecha”. Cuando debería de guardar una situación de respeto y objetividad, en vez de un cinismo hipócrita e interesado.
