Las guerras son libradas contra un contrario con el fin de alcanzar un objetivo por la fuerza. Sea territorial, defensivo, vengativo, nacionalista, religioso o económico. Las guerras no existirían si no hubiesen beneficios, tanto políticos como económicos. Los beneficios de sangre de las guerras, son el gran negocio de unos pocos que se benefician del sufrimiento de millones de víctimas.
Según la Cruz Roja, actualmente hay más de 130 conflictos armados en el mundo, duplicando la cifra de hace 15 años. Conflictos cada vez más prolongados, que afectan a millones de civiles, con un aumento drástico en las muertes de mujeres y niños. Y, la vulneración de los derechos humanos.
Desde La invasión de Rusia a Ucrania, la guerra entre Israel y Palestina, la guerra de Irán, el conflicto en Sudán. Más de 15 años de conflicto en Siria, la guerra civil en Myanmar, Yemen, Burkina Faso y Somalia.
Generando que miles de personas huyan de la violencia y necesiten ayuda humanitaria en materia de alojamiento, medios de subsistencia, asistencia jurídica y protección. Causando víctimas mortales, heridos y millones de personas desplazadas buscando un lugar seguro lejos de su hogar. Con daños generalizados en las infraestructuras de sus países.
Se invierte en armamento para intentar solucionar dichos conflictos. Se convierten en temas relacionados fundamentalmente con la economía, bien para dominar o controlar los mercados o bienes para asegurar el suministro de materias primas.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los dos grandes bloques utilizaron diferentes escenarios para llevar a cabo su conflicto de intereses. Porque las guerras son un gran negocio y no importa que sean beneficios de sangre.
Y, ahora dicha carrera armamentística, sigue por cuestiones defensivas o simplemente relacionadas con conflictos bélicos. Donde la humanidad sigue sin encontrar soluciones a una lista interminable de conflictos que permanecen abiertos. Cada uno con sus características y peculiaridades, pero todos y cada uno de ellos con algo en común: los miles de muertos y millones de desplazados, el deterioro económico, la pobreza, la destrucción y el incumplimiento de los derechos humanos.
Se añade la inoperancia de los organismos internacionales en la resolución de los conflictos armados. Donde solo la ayuda de organizaciones no gubernamentales y movimientos sociales crean las alternativas para la consecución de una ayuda que es tan escasa como necesaria. Donde las guerras y la inestabilidad son una oportunidad de negocio para aniquilar al enemigo. Pero, sobre todo para obtener beneficios de sangre.
La 36ª cumbre de la OTAN que se celebra en Ankara los días 7 y 8 de julio, viene marcada por unas relaciones difíciles entre la Administración norteamericana y los miembros europeos de la Alianza. Donde ha vuelto el interés de Trump sobre Groenlandia; las discrepancias en el apoyo a Ucrania. Y, el enfado del presidente de Estados Unidos por la falta de apoyo de sus aliados en la guerra en Irán. En especial, contra España.
El año pasado en La Haya se llegó al compromiso de llegar al 5 % de gasto militar, con flexibilidad para España hasta el 2,1%. Donde se tenía claro que había que aumentar el gasto en defensa ante la amenaza constante de Rusia. Después se llegó a la conclusión de que Europa no puede defenderse sin Estados Unidos. Y, que Estados Unidos no está dispuesta a defender a Europa. Pero, sin embargo existe una dependencia unilateral, donde Europa sigue dependiendo de las armas estadounidenses para su rearme.
Según el informe anual de la OTAN, los aliados gastaron en conjunto más de 1,4 billones de dólares en defensa en 2025. Los miembros europeos, incluida Turquía, representaron aproximadamente el 40% del gasto total, mientras que Estados Unidos aportó alrededor del 60%. La guerra y el armamento es un modelo económico para Estados Unidos.
De nuevo ataques en Irán. Una guerra ilegal justificada en nombre de la seguridad global, con el objetivo de impedir el desarrollo de armas nucleares, y de la libertad de los iraníes. La guerra entre Israel y Palestina, que se extiende a Cisjordania, Líbano e incluso Irán. Una guerra en Ucrania que Vladimir Putin argumentó que la acción militar era de naturaleza defensiva, con el objetivo de desmilitarizar Ucrania, detener la expansión de la OTAN y prevenir un ataque contra Rusia. Y, lleva 4 años y 4 meses de guerra. De nuevo ataques en Ucrania.
Las guerras siempre han estado en la naturaleza del ser humano. Para muchos países las guerras no son un error, la industria armamentística tiene mucha importancia. Después llega el sin sentido de la destrucción y la contradicción en sí mismos: destruir para reconstruir. Nadie se plantea el costo humanitario y de destrucción. Parece que a nadie le preocupa todo esto, lo importante es vencer y conseguir beneficios económicos, aunque sean a costa de la sangre derramada. Que se lo pregunten a Trump, Netanyahu o Putin, por ejemplo.
