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Incendios fuera de control.

El incendio forestal de Los Gallardos (Almería) sigue sin apagarse. Un incendio que forma parte de esos incendios fuera de control por su comportamiento, intensidad y capacidad destructiva. Con un balance provisional de 12 personas fallecidas, 23 personas no localizadas y 6.600 hectáreas calcinadas.

Tenemos tendencia a dar nuestra opinión de todo lo que pasa. Y, muchas veces nos faltan los conocimientos para estar acertados en nuestros juicios de valor. Internet lo ha facilitado, donde todos hacemos comentarios inmediatos y muchas veces equivocados. Los incendios fuera de control, como el de Los Gallardos, lo analizarán los expertos y sacarán sus conclusiones. Pero, parece que en los últimos años, los incendios son cada vez más grandes y devastadores. 

Dicha capacidad destructiva dicen los expertos, parece que está relacionada con la crisis climática, las altas temperaturas, la sequía y el abandono de las zonas rurales. A lo que se añade la mala gestión forestal y la falta de medios, desde humanos hasta técnicos.

Cada campaña de verano, escuchamos la frase de que los incendios forestales se apagan en invierno. Aunque muy pocos gobiernos autonómicos invierten en tareas de prevención, limpieza de montes y eliminación de masa forestal. Como cada año escuchamos el tema de la contratación de los bomberos forestales, que se juegan su vida por un sueldo bajo y con una situación de fijos discontinuos. Pretendiendo que ellos apaguen los incendios con poco personal y sin medios.

Donde ahora se añade la colaboración de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Que tuvo su origen en el trágico incendio forestal de Guadalajara de 2005, donde fallecieron 11 miembros de un retén. En los incendios fuera de control, el ejército ayuda a la extinción junto a bomberos forestales y voluntarios. Pero, no son suficientes, ante la voracidad del fuego y sobre todo cuando todas las instituciones consideran más rentable el negocio de la extinción, que el de la prevención.

El fuego es una herramienta usada por el hombre para modelar el paisaje. Se ha empleado para quemas controladas, regenerar los pastos, crear nuevos campos de cultivo y la supuesta recalificación de terrenos tras un incendio. Que está prohibido por la Ley de Montes, por un plazo mínimo de 30 años. Para evitar la especulación urbanística y el lucro a través de incendios provocados.

Después vienen las imprudencias, los pirómanos, los delincuentes con fines económicos, venganzas o vandalismo. Incluso cada año surgen bomberos forestales que queman bosques para asegurar su contratación. Que suponen cada verano nuevos incendios.

Pero, siempre queda la duda de si las administraciones públicas y la ciudadanía hacen todo lo posible para que los bosques no se quemen. Donde faltan medios y además que a la ciudadanía se le enseñe en materia de riesgos y planificación de emergencias en los incendios fuera de control.

Nos queda siempre para analizar el «modelo Soria». Una provincia que tiene la mayor superficie boscosa de España (1,05 millones de hectáreas), pero no sufre grandes incendios. La explicación es sencilla: los incendios se apagan antes de que llegue el verano. Aparte de que técnicos de la administración y propietarios forestales trabajan juntos en la prevención. Por lo tanto, la solución existe.

En Soria hay facilidad de accesos para atajar el fuego, una extensa red de pistas forestales, torres de vigilancia, cámaras térmicas automáticas y unos equipos humanos dimensionados para actuar rápidamente. El considerar el monte como un generador de recursos (madera, resina, setas), buscando la cooperación social y siempre con prevención.

A lo mejor el «modelo Soria» no se puede extender en toda España, porque cada zona tiene sus características propias. Pero, la responsabilidad de todos los gobiernos autonómicos es prevenir, porque en la extinción el fuego siempre nos llevará ventaja. Nos queda mucha concienciación por parte de la ciudadanía y muchos medios por parte de la Administración. Algo habrá que hacer para evitar las muertes de personas y la destrucción de nuestros bosques.

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