Uno de los problemas en cualquier relación de convivencia es la estupidez, es menos peligroso una persona mala que una persona tonta. Aunque muchas veces en la práctica política, se juntan la estupidez, la ignorancia y la maldad, convirtiéndose en fanatismo, mientras que al resto de la gente solo le queda la exaltación o el rechazo. La estupidez causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener una ganancia personal aparente.

La estupidez como la ignorancia son atrevidas y no tienen límites, además están convencidos de su verdad y lo peor, es que hasta tienen seguidores incautos. Los estúpidos son peligrosos, porque son imprevistos y nunca se sabe cuando llevarán su ataque. Por eso la certeza, de que siempre es peor un tonto a un cabrón, mientras unos afirman con arrogancia, a otros solo nos queda con perplejidad, hacernos preguntas.

Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, en la primera Sesión de Control al Gobierno en Madrid, en respuesta  a la portavoz de Vox, Rocío Monasterio, que le ha reprochado su “silencio” frente a la Ley de Memoria Histórica y que le ha acusado de ser “cómplice” del Gobierno de Pedro Sánchez en la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos.decía en su discurso: “¿Qué será lo siguiente? ¿La cruz del valle? ¿Todo el valle? ¿Las parroquias del barrio? ¿Arderán como en el 36?”.

No ha sido un lapsus, ni el resultado del fragor en un debate, ha sido sencillamente un ejercicio de estupidez, refrendado por sus aseveraciones que a ella le “espanta” la Ley de Memoria Histórica y el “remover heridas o abrirlas”. Palabras que el vicepresidente de Madrid, Ignacio Aguado, del partido Ciudadanos ha respaldado diciendo que es “una certeza y una realidad que en el año 1936 ardieron iglesias” en España, pero ha asegurado que su Gobierno hará “todo lo posible para que no vuelvan a arder en 2019, porque alguien quiera imponer su ideología sobre otros”.

El sentido común y el comedimiento en la política, parece que se está perdiendo. Ya no importa lo que se dice, ni a las personas que pueda ofender, parece que lo único que vale es quien la dice la tontería más grande. No tiene nada que ver el tema de la exhumación del dictador Franco con hacer alusiones a «quemar iglesias» y  la violencia anticlerical durante la segunda República, antes del golpe de estado del 18 de julio y la Guerra Civil.

Después sufrimos cuarenta años de represión, de eliminación de libertades y de un nacionalcatolicismo que se encargó de legitimar una dictadura y que aún hoy, muchos defienden, un monumento de vergüenza como el Valle de los Caídos. La estupidez como práctica política, de la que nadie está exento, no es la mejor forma de fomentar la convivencia y solo sirve para aumentar el enfrentamiento entre dos partes. De momento no creo que nadie esté dispuesto a quemar iglesias, pero si a incendiar otras pasiones…

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