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El desahucio de Maricarmen es el fracaso del capitalismo y de toda la sociedad.

El capitalismo es un sistema económico que permite la generación de riqueza, pero también provoca determinados problemas sociales. En España se producen cada día, de media, unos 50 desahucios. El desahucio de Maricarmen, una anciana de 87 años, es un ejemplo más de todos los que sufren un desalojo de su vivienda. Y, el fracaso de un sistema que antepone el beneficio económico a las personas. El capitalismo se basa en el sufrimiento de muchos, para hacer ricos a unos pocos. Una trampa, un engaño para que pensemos que es lo mejor, mientras todo va bien. Porque en los negocios no caben los sentimientos, ni las personas, solo el dinero. No olvidemos que la pobreza y la desigualdad económica son una consecuencia más del capitalismo.

Ante el fracaso del socialismo, primero por su anticapitalismo y después por un socialismo descafeinado, que aceptó el capitalismo y que se denominó socialdemocracia. Sin embargo, la libertad y la democracia se identifican con el capitalismo. El capitalismo ha demostrado ser tan exitoso en la producción de riqueza para unos pocos, como en la producción de la pobreza para muchos. El problema de la desigualdad de la riqueza no ha sabido solucionarlo el capitalismo. Durante una época surgió una clase media emergente y creciente, que se consideró un triunfo del capitalismo. Que redujo la diferencia entre los niveles de vida de los ricos y  la clase media. Aunque, los pobres continuaron siendo los grandes olvidados.

El triunfo del capitalismo fue disminuir la diferencia entre la pobreza y la abundancia, donde los ciudadanos gracias al proceso  competitivo en la economía de mercado, podían tener acceso a una variedad de bienes y servicios disponibles para todos, ofreciendo más igualdad y nivel de vida. Es cierto, que las economías de mercado han contribuido a mejorar las condiciones de vida de la humanidad. Pero, también hay que decir que ha creado desigualdad, más brecha entre los ricos y los que no lo son. Y, sobre todo no ha sido capaz de erradicar el objetivo principal de la Agenda 2030 de la ONU, que era el Fin de la pobreza.  

El capitalismo consiguió convencernos de que hay ricos y pobres, y que el libre mercado recompensa el esfuerzo y la innovación individual. La clase media era una mayoría de la población que no se consideraban ni ricos ni pobres. Y, con ello consiguieron una sociedad más conservadora, que acabó con la lucha de clases, el aumento del consumismo y del hedonismo. Por extraño que parezca, se consiguió la derechización de la sociedad y el fracaso de una izquierda que había aceptado el capitalismo como mal menor.

Esa clase media se ha ido reduciendo debido a las crisis económicas, la globalización y el aumento del desempleo. El encarecimiento de la vivienda, el estancamiento de los salarios y la precariedad laboral. En definitiva, el nivel de vida comenzó a decrecer porque las cosas necesarias costaban mucho más. Y, sobre todo en un tema prioritario como es la vivienda, donde hemos pasado de una España de propietarios, cultura heredada del franquismo a una juventud que no tiene acceso a una casa propia o de alquiler, porque su vida laboral no se lo permite. El ascensor social se ha detenido.

Llegó la burbuja inmobiliaria de 2008, que tuvo componentes financieros, con un incremento excesivo de los precios de las viviendas muy por encima del IPC  y del aumento de los salarios. Estos problemas fueron la semilla del 15-M de 2011, donde una parte muy importante de la sociedad que viven de la renta del trabajo son más pobres. Y, por el contrario un enorme enriquecimiento de las rentas de la propiedad del capital. Con problemas de vivienda y con descreimiento político. Pero, el 15-M se diluyó. La ciudadanía tiene que volver a tener  la percepción social de que el desahucio es un fracaso social. La izquierda no ha sido capaz de solucionar el tema de la vivienda. Dejando de ser un espacio vital, para convertirse en un instrumento de acumulación y especulación de capital.

La vivienda ha sido utilizada por los pequeños propietarios alquilando una vivienda como negocio y después han llegado los fondos buitres y los bancos. Con su modelo de negocio que se basa en comprar activos al menor precio posible para luego venderlos y conseguir altas rentabilidades. A diferencia de las aves carroñeras, estos fondos no ejercen mantener el equilibrio y la limpieza de la naturaleza al eliminar rápidamente los restos orgánicos del entorno. Al revés son el ejemplo de la usura y una amenaza para los derechos humanos. Cuando un fondo buitre es capaz de cambiar los contratos de alquiler y subir el precio por cuatro o por cinco. Debería estar regulado por ley, pero no lo está. La derecha española no quiere regular a los fondos buitres, ni la especulación inmobiliaria y rechaza también la protección a los vulnerables.

Hasta principios de este año el escudo social estaba en vigor y en la práctica, bloqueaba el desahucio para personas que acreditasen vulnerabilidad, como es el caso de Maricarmen. Fueron PP, Vox y Junts los que tumbaron el escudo social, la protección antidesahucios. Ellos son una parte de los culpables del desahucio de Maricarmen. El de una mujer, de 87 años, con una discapacidad reconocida del 50%. Que pagaba todos los meses el alquiler de 500 euros, que su padre había alquilado en los años cincuenta. Y, cuya titularidad asumió ella posteriormente mediante una subrogación.

Hay muchas Maricarmen en España, que no han tenido el foco mediático, que viven desamparadas, sin protección para los vulnerables. Las derechas se niegan a topar precios en las comunidades que gobiernan y aplicar la Ley de Vivienda. Nos hablan de indefensión de los dueños de viviendas, de que sus propiedades corren el riesgo de ser objeto de una okupación. Lo que definen como «inquiokupación», un incumplimiento de contrato y un problema de morosidad. Cuando el problema es el precio de compra y de los alquileres. La especulación y los fondos buitre. La vivienda es el principal problema de este país, aunque para algunos se obstinen en que sea la emigración.

Con Maricarmen lo único que se ha hecho es aplicar la ley. Pero, no significa que la ley sea justa. Una ley debe ofrecer protección tanto a inquilinos como a propietarios. Diferenciar entre propietarios particulares y fondos buitres. Con el escudo social desactivado, nada protege a las personas que acrediten extrema necesidad o discapacidad. La decisión, depende de un juez y después de los ayuntamientos y comunidades, que son quienes tienen competencias. A Maricarmen la han sacado del piso en el que vivía desde hace 70 años, en una camilla. Sin una solución habitacional, donde la ley defiende a unos «carroñeros» que se han negado a negociar.

El capitalismo tiene poder e idolatra al poderoso. Defiende a los ricos ofreciendo derechos y negándoselos a los que no los tienen. El capitalismo defiende la propiedad privada. Por ejemplo, España necesita vivienda, pero sin embargo no construye vivienda pública. A pesar de que la demanda de vivienda barata es necesaria entre jóvenes, familias con ingresos bajos y personas en situación precaria. No se construye porque no es rentable. España apenas cuenta con viviendas en alquiler social. No se hace nada para que la ciudadanía tenga acceso a la vivienda.

Nos sorprende, nos indigna el desahucio de Maricarmen, la falta de empatía, de sentimientos hacia una anciana. Pero, solo el año pasado, hubo algo más de 18.000 lanzamientos que se ejecutaron relacionados con el alquiler. Detrás de cada ejecución hay ancianos, enfermos terminales, con discapacidad, familias con hijos y mucha precariedad. La precariedad laboral y los bajos salarios impiden que una buena parte de los jóvenes españoles puedan acceder a una vivienda en propiedad, pero tampoco de alquiler. La especulación y la compra de viviendas para ponerlas en alquiler a un precio desorbitado, es la realidad. Y, todo esto con un Gobierno progresista.

Pretender cambiar a quienes controlan el poder económico, inmersos en la competición de acumular riquezas, es una utopía. Pero, la obligación de la política debería ser buscar normas que faciliten el acceso y la defensa para personas mas vulnerables. Pasarán los días y otras noticias harán olvidar el desahucio de Maricarmen. Aunque el problema seguirá persistiendo. Porque no estamos hablando de limitación y reparto de riquezas, de supresión del capitalismo por el socialismo, no es cuestión de comunismo. Es cuestión de justicia social, del fracaso de todas las instituciones españolas para que nunca más, una persona se quede en la calle por culpa de un desahucio. Porque la vivienda es un derecho.

Desde enero no hay ningún escudo social en España que proteja a las familias vulnerables. Entre este año y el próximo vencerán más de un millón y medio de contratos de alquiler. Son necesarias nuevas moratorias de desahucios y prórrogas obligatorias del alquiler. No es suficiente con lamentarse por este desahucio, hay que hacer algo ya. El desahucio de Maricarmen y de todos los desahucios, es el fracaso del capitalismo, de la política y de toda la sociedad.

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