«Rebelde sin casa» fue una frase, un lema del 15-M de 2011. Recordando el titulo de la famosa película de 1955, «Rebelde sin causa» en la que se describía el vacío, la angustia y la rebeldía de los jóvenes frente al mundo adulto. Una rebeldía que en el 15-M fue frente a un presente incierto y sin futuro.
El 15-M fue una tormenta perfecta de cansancio, desafección e indignación contra un modelo económico, social y político. Con un deseo de regeneración democrática que se concretaba en demandas sociales muy similares a las actuales: trabajo, vivienda, educación, sanidad y acabar con la corrupción.
El 15-M fue la primera expresión de un presente sin futuro. Que intentaron conseguir partidos políticos como Podemos. Desde dentro de las instituciones mostrando la insatisfacción. Pero, siendo incapaces de mantener la cohesión social y de hacer cambios notables con un cambio político.
Después del 15-M, la ciudadanía española en las elecciones del 20-N de 2011, votaron al Partido Popular. Siendo escogido Mariano Rajoy con la segunda mayoría absoluta más importante de la democracia. Y, el peor resultado del PSOE, de Alfredo Pérez Rubalcaba.
Podemos esperó a las elecciones europeas de mayo de 2014, donde lograron cinco escaños. Comenzó una andadura política cerca del «sorpasso» y llegando a ser parte de un gobierno de coalición con el PSOE. Pero, ni con Podemos, ni con Sumar después, no han sido capaces de solucionar temas que siguen afectando al presente y condicionando por tanto el futuro.
Uno de ellos es la vivienda. Con gente sin casa y casas sin gente. La vivienda se ha convertido en un negocio especulativo, donde el desahucio es el final más doloroso. Aunque, muchos no pueden lograr ni el derecho a una vivienda. Ni de alquiler, ni de propiedad.
Una sociedad de rebeldes sin casa, que han optado muchos por el conformismo en silencio o por aferrarse a los populismos de la extrema derecha. Un gran número de jóvenes sin acceso a una vivienda. Pero, también de personas mayores, enfermas, con problemas de violencia de género, con hijos menores o simplemente con precariedad económica. Porque en esta sociedad neoliberal, supuestamente rica, además de personas normales que no pueden acceder, hay personas vulnerables.
El desahucio de Maricarmen, ha sido el detonante para intentar abrir una ventana de oportunidad política. Que nos ha cerrado un gobierno progresista y que nos lo niega una oposición de derechas. La manifestación de esta tarde en Madrid convocada por el Sindicato de Inquilinas, aparte de una gran participación en las calles, en las redes sociales y seguimiento mediático. Ha terminado con una acampada en la Puerta del Sol.
Un comienzo similar al 15 de mayo de 2011, donde la indignación se llevó a las plazas de toda España. Una oportunidad para que todos esos rebeldes sin casa, todos los indignados y todos los que están encontra del fascismo, reaccionen. Una medida de presión para que el Gobierno saque este martes un «decreto Maricarmen». Intentar sacar adelante un escudo social para evitar los desahucios. Para que no se vuelva a repetir lo de Maricarmen y lo de miles de personas en España que pierden su casa, cada año.
El decreto de este nuevo escudo social para la vivienda, tiene que ser el comienzo para solucionar la problemática de la vivienda. Buscando medidas efectivas contra la crisis de la vivienda. Un cambio de gobierno y el triunfo de la derecha, solo servirá para priorizar el beneficio del mercado inmobiliario, rechazar la intervención pública y la limitación de precios.
Pero, un gobierno progresista debe hacer más y puede hacerlo. Pero, el Estado autonómicos parece que lo impide, porque la gestión de la vivienda es de las autonomías y por lo tanto, ahora del Partido Popular.
La vivienda y la migración se ha convertido en los dos grandes temas de debate en las próximas elecciones generales. Una derecha que sabemos cómo piensa y una izquierda que no ha sido capaz. Todo con el disfrute de la extrema derecha, que son quienes recogen a una buena parte de los rebeldes sin casa. Confiando en sus mentiras.
Solo nos queda la opción de tomar las plazas y calles, para luchar y exigir a los políticos que las cosas tienen que cambiar. Y, poner todas nuestras ilusiones en las urnas. Porque cualquier cambio en nuestra sociedad tiene que partir de la política. Lo demás es lo que pretende la ultraderecha crear un caldo de cultivo, prometiendo soluciones simples a problemas complejos, alejados de los principios democráticos.
Si este movimiento llega a cuajar, esperemos que los resultados finales sean mejores que los del 15-M. Que está sociedad consiga su derecho a la vivienda, el refuerzo de lo público y de la democracia. Además , de los derechos sociales, políticos y de género de la inmensa mayoría de la ciudadanía. Y, eso lo conseguiremos sin los neofascismos que predican el odio y se olvidan del desahucio de Maricarmen y de tantos más. Sin miedo habrá futuro, porque la rebeldía nunca puede estar en las manos de la derecha.
