Reivindico la necesidad a los sindicatos de una huelga general en España de 24 horas. No para derribar al Gobierno, sino para que cambie su actitud, comprobando que así no se puede seguir. Como medida de presión y de reflexión a toda la izquierda. Para que sepan las derechas que somos más y que somos moralmente mejores. Una huelga general como muestra de la fuerza que tiene la ciudadanía progresista. Nuestro rechazo a que nos manipulen y que nos quieran callar. Una huelga general antes de las elecciones municipales y generales. En la que seamos conscientes de los derechos que podemos perder. Y, de la responsabilidad de toda la izquierda en temas como la vivienda, sanidad, empleo, educación… Nuestra opinión se puede dar protestando en las calles y después llenando las urnas. Una huelga general para no retroceder y para que las cosas cambien.
En España, las huelgas son consideradas ilegales según la legislación vigente, por motivos políticos o con cualquier otra finalidad ajena al interés profesional de los trabajadores afectados. Pero, la vivienda afecta a todos los trabajadores. Lo público incide en una gran parte de la sociedad: sanidad, empleo, educación… Es hora que los grandes sindicatos, que fueron decisivos durante la dictadura franquista y durante la Transición, organicen a las trabajadoras y trabajadores para protestar y reivindicar sus derechos.
Para que nos hagan caso, en definitiva. En un momento de desorganización y desencanto. Donde los sindicatos de clase, no pueden eludir una huelga, porque gobierne la izquierda. Estamos en un momento complicado, en que el objetivo no es derrocar al Gobierno, es darle un toque de atención. Y, también a la izquierda alternativa, que no se une, que no comprende la importancia de que pueda ganar la derecha y la ultraderecha en España. Hay que luchar y demostrar que existe esa fuerza y la capacidad de movilización de antes.
El llamamiento es para los sindicatos de clase y para sus afiliados, que son unos tres millones de personas trabajadoras afiliadas a las diferentes centrales sindicales. Desde Comisiones Obreras (CCOO) y la Unión General de Trabajadores (UGT), que concentran la mayor parte de la representación laboral en España. Y, para todos los demás sindicatos: CSIF, USO, CGT, UNT, CNT, los de implante autonómico como ELA, CIG o La Intersindical. Con el apoyo en la vivienda de Sindicatos de inquilinas, Stop Desahucios, Sindicat de Llogateres o PAH Barcelona.
En sanidad, de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) sindicato mayoritario y la organización más representativa del sector médico en España y del Sindicato de Enfermería (SATSE). Y, en la educación, sindicatos como ANPE, CSIF o STEs. Sin olvidar la participación estudiantil en Sindicato de Estudiantes, Frente de Estudiantes (FdE) y CANAE (Confederación Estatal de Asociaciones de Estudiantes). En definitiva, juntar las organizaciones sindicales y las organizacione defensoras de la vivienda y organizaciones estudiantiles, transmitiendo la necesidad de una huelga general de 24 horas como medida de presión al Gobierno de España.
Vivimos un momento en que se une la reacción y sensibilización ciudadana sobre el tema de la vivienda, después del detonante del desahucio de Maricarmen. Pero, también una huelga indefinida de médicos a partir de octubre y una marea verde por la educación pública en toda España. Sin olvidar la huelga de educadoras infantiles en la Comunidad de Madrid. Con todos estos mimbres hay argumentos para plantear una huelga general, no para poner a la opinión pública en contra del Gobierno de España. Porque eso, ya lo ha conseguido la derecha. La huelga es para dar un estirón de orejas al Gobierno, porque hay que hacer algo diferente. La ciudadanía progresista no puede confiar en votar a la izquierda, si la izquierda les ha decepcionado.
La última gran huelga general convocada por los sindicatos mayoritarios (CCOO y UGT) a nivel nacional en España fue el 14-N de 2012, en protesta contra las políticas de ajuste y la reforma laboral del Gobierno de Mariano Rajoy. Hace demasiado tiempo que la ciudadanía no protesta. Una huelga general puede tener éxito o fracaso. Pero, los sindicatos como parte de la sociedad civil, no pueden ponerse de perfil.
Sobran los motivos. Deben parar el país y movilizar a la gente en las calles por un derecho que es la vivienda. Por la defensa de la sanidad pública y por el apoyo a las mareas verdes de la educación. Y, por supuesto por el empleo, porque es tan malo no tener empleo como ser trabajador pobre. Estamos hablando de defender lo público, el Estado de bienestar. La ciudadanía está obligada a reaccionar, a exigir al Gobierno y a la izquierda alternativa que despierte. Quizás nadie está dispuesto a hacer huelga y perder un día de sueldo. Pero, el día que ganen las derechas, ya será tarde para hacer una huelga general.
