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Confianza rota.

La confianza es muy frágil. Cuando se rompe un jarrón de porcelana, de cristal o un simple plato, las piezas pueden volver a unirse. Pero, nunca las piezas encajaran igual. Ni será lo mismo. La confianza rota destruye la seguridad, genera dudas y nos cuesta recuperarla. La confianza tiene que ver mucho con no engañar, con lo que se dice y se hace, con cumplir lo que se promete.

Da igual sea un relación amistosa, afectiva, económica o política, queremos sinceridad, no sentirnos engañados. El engaño, la falta de confianza y de respeto dañan nuestra confianza. Todos necesitamos confiar en alguien y que confíen en nosotros. Exigimos confianza en nuestras relaciones, en las actividades que realizamos, en todas las compras, en las inversiones. Y, también cuando depositamos nuestro voto es una cuestión de confianza en un partido político que traduzca sus intereses en políticas públicas para el bien común.

Uno de los grandes problemas de las democracias es la falta de confianza en los partidos políticos y el fracaso de los partidos tradicionales en recuperar la confianza del electorado. Muchos votantes progresistas tenemos la confianza rota con el Gobierno de coalición de Pedro Sánchez. Se depositó muchas esperanzas en la lucha contra la corrupción, en hacer cambios notables en la vida de la gente. Llega la desafección. En que hubiera sinceridad, transparencia y no mentiras.

Se han hecho cosas buenas, pero confiamos y se volvió a cometer los mismos errores. De nada sirve comprometerse a hacer algo si luego no lo cumples. Pierdes la confianza. Nos sentimos defraudados. Han perdido la credibilidad y con ello, han perdido la confianza de la ciudadanía. La esencia de la democracia no está solo en el pluralismo, ni ninguna democracia garantiza la honradez en la gestión pública, hace falta transparencia y controles. La confianza social es fundamental, la confianza rota no ayuda a la credibilidad en la política.

En plena vorágine entre corrupción, bulos, lawfare, petición de dimisión y de elecciones, el Pleno del Congreso, con los votos del PP, Vox, Junts, UPN y Coalición Canaria, ha emplazado este 25 de junio al presidente Pedro Sánchez a someterse a una cuestión de confianza y a asumir con su dimisión sus responsabilidades políticas por los casos de corrupción. Porque el PP no se atreve a presentar una moción de censura, por no tener la seguridad de ganarla. Aunque si no la presenta, nunca sabrá el resultado.

Una cuestión de confianza no puede ser impuesta por el Parlamento, es un mecanismo parlamentario regulado por el artículo 112 de la Constitución mediante el cual el presidente del Gobierno solicita voluntariamente el respaldo del Congreso para continuar gobernando. Se desarrollará un debate parlamentario muy similar al de una sesión de investidura, en el que defenderá su acción de gobierno. Que se resuelve mediante una única votación final en el Congreso, por mayoría simple.

Si el presidente del Gobierno no obtiene la confianza del Congreso, el Ejecutivo queda obligado a presentar su dimisión al Rey. A partir de ese momento, comenzaría la ronda de consultas con los grupos parlamentarios para explorar la posibilidad de investir a un nuevo presidente. Y, de no conseguirlo la convocatoria de elecciones.

La confianza rota existe, pero Pedro Sánchez tiene la oportunidad de aceptar y de poder ganar esta moción de confianza. Aunque, eso no significará el fin de los problemas. Después vendrá la moción de censura y la posible imputación de Pedro Sánchez, aparte de la aparición de nuevos líos judiciales. No es información privilegiada, es que a Pedro Sánchez le tienen muchas ganas. Pero, lo que nos costará más, es recuperar la confianza rota y volver a tener certidumbre.

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