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Elegir entre involución ultraderechista o seguir avanzando.

Ya tenemos fecha para las elecciones generales: 29 de noviembre de 2026. En 11 comunidades autónomas de las 17 que hay en España, gobierna el Partido Popular con pactos con Vox. Además de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. A todos los efectos la ciudadanía ha elegido para gobernar a las derechas. Y, eso parece que no le ha importado a la ciudadanía. El miedo a la ultraderecha ya no existe para muchos. Y, por supuesto en las elecciones generales no hay motivo para que esto cambie. Por lo tanto, no sirve la disyuntiva de Pedro Sánchez de elegir entre «involución ultraderechista o seguir avanzando«. Las derechas obtendrán mayoría y gobernarán en coalición el Partido Popular y Vox.

La ciudadanía habrá decidido entre: «decadencia o cambio,  mentira o cambio, incompetencia o cambio, división o cambio, corrupción o cambio». Después de las elecciones del 29-N, la fecha límite legal para la sesión constitutiva del Congreso y del Senado es el 24 de diciembre. Es decir, que en Navidad «vuelve a casa vuelve» el Partido Popular con Vox. Se acaba el «sanchismo» y llega «Un Gobierno con autoridad para gobernar, libertad para decidir y palabra para cumplir. Un Gobierno para la mayoría». 

El PSOE sufrirá una gran derrota electoral y la izquierda alternativa con Frente Amplio o menos amplio, se conformará con unos resultados testimoniales. Vox ascenderá y marcará sus imposiciones al Partido Popular. No pasará nada, ni se juntará el cielo con la tierra, la ciudadanía lo habrá escogido democráticamente. Y, todo será tan normal como en Andalucía, Aragón, Cantabria, Castilla y León, Comunidad de Madrid, Comunidad Valenciana, Extremadura, Galicia, Islas Baleares, La Rioja, Región de Murcia, Ceuta y Melilla. Donde la ciudadanía está contenta y satisfecha con los gobiernos de las derechas. Y, por eso les ofrecen su voto. 

No pasa nada, la alternancia es buena en la política. España dejará de ser un «rara avis» y dejaremos de ser un país excepcional y diferente. Tendremos un gobierno de derechas, volveremos a tener buenas relaciones con Estados Unidos y con su presidente. Se reiniciaran las relaciones diplomáticas con Israel, dejaremos de reconocer a Palestina como Estado y se devolverá a todos los migrantes de Ceuta a Marruecos. Además, con la «prioridad nacional» se solucionará el problema de la sanidad, la educación y la vivienda. Porque el problema es de la migración y gracias a la remigración, se hará el retorno masivo de inmigrantes y personas de origen extranjero a sus países de origen. 

La ciudadanía podrá comenzar un «próspero año nuevo 2027» con el Partido Popular y Vox. Incluso pueden meter en la cárcel de nuevo a Carles Puigdemont, ilegalizar partidos nacionalistas, acabar con el Estado de las Autonomías. Y, por supuesto que no se hable en el Congreso en lenguas que no sean el castellano. Aparte, de la derogación de la Ley de la Vivienda, la Ley trans, la ley de memoria democrática o la Ley de paridad. Por supuesto: «Se sabrá todo lo que queda por conocer, se hará todo lo que hay que hacer y se reparará todo lo que debe repararse». Y, si es posible enjuiciar a Pedro Sánchez como traidor.

Todos tendremos más dinero para poderlo gastar, gracias a la reducción de impuestos. Podremos llevar a nuestros hijos a buenos colegios y universidades privadas. Se reducirán las listas de espera en la sanidad pública y nos asistirán en la sanidad privada. El problema de la dependencia se solucionará, porque cada uno tendrá que pagar sus gastos. Y, por supuesto las pensiones dejarán de ser públicas y se buscará un sistema mixto. Y, en las calle habrá orden y las fronteras estarán cerradas para inmigrantes pobres. Se construirán un millón de viviendas, el problema será cuando no encuentren mano de obra.

La sociedad se habrá quitado a Pedro Sánchez y de paso a la corrupción. Porque el Partido Popular nunca ha tenido problemas con ella. El 2027 a lo mejor no tiene la revalorización de las pensiones según el IPC y también deja de subir el salario mínimo interprofesional (SMI). Pero, da igual nos habremos librado del «sanchismo». Y, el número de pulseras y de banderas de España aumentará. Incluso puede haber cambios en los callejeros y volver a reivindicar los tiempos pretéritos del franquismo. Todo muy respetable, porque habrá sido con el voto democrático de la ciudadanía.

Dice el señor Feijóo que: «No son unas elecciones como las anteriores en democracia». Quizás, porque en las elecciones del 23-J de 2023, ganó el Partido Popular, pero no pudo gobernar. Y, durante este tiempo siempre ha dejado frases como: «Es legítimamente presidente, pero no es legítimo lo que está haciendo”. Desde el primer día de legislatura, reclamando elecciones. “Esto va de que España le gane a Sánchez y a lo que representa”. Nos avisa la presidenta madrileña que se celebrará una campaña «sucia» y que también el proceso electoral podría estar adulterado: «Yo le pido a todo el mundo que ni se le ocurra votar por correo«. Y, para rematar Abascal denuncia que Sánchez es capaz de todo y exige unas elecciones limpias y sin violencia.

Como buenos estrategas, desacreditan a la democracia, a las instituciones, el voto por correo y su recuento. Están preparando el discurso por si no ganan las elecciones. El portavoz del Partido Popular Borja Sémper afirmó hace unos días, que cuando Alberto Núñez Feijóo llegue al Gobierno: «Se va a desterrar el insulto, va a volver la buena educación». Tal como ha dicho hoy Feijóo: «Necesitamos reconstruir la convivencia frente a quienes han hecho de la división su principal herramienta política». Lo que desconozco es si lo dice por el PP o por el PSOE. Tendremos cuatro años para que algunos se arrepientan de haber votado por la involución ultraderechista.

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