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Pacto de la vergüenza en Castilla y León.

Un, dos, tres. Otro pacto de la vergüenza, ahora en Castilla y León. Lo mismo que en Extremadura y Aragón. El Partido Popular, el que busca que los partidos que apoyaron al Gobierno de coalición, le retiren su confianza para convocar elecciones. El Partido Popular que habla de una moción de censura instrumental, ofreciendo a cambio «decencia y elecciones» anticipadas. Es el que ha pactado de nuevo con la extrema derecha de Vox, basado en la «prioridad nacional«.

Si añadimos que la Comunidad Valenciana ha aprobado sus presupuestos para 2026, con el apoyo de Vox. Que pidió el compromiso de impulsar una batería de medidas “que se sostienen sobre tres pilares: la reducción fiscal, el problema de la vivienda y, por supuesto, la «prioridad nacional”. Sin embargo, la Generalitat Valenciana ha negado la posibilidad de aplicar la exigencia de Vox, pero han matizado que el «arraigo» se incluirá posteriormente en la llamada Ley de Acompañamiento o de Medidas Fiscales.  Ahora, solo falta Andalucía, a expensas del acuerdo de Moreno Bonilla con Vox.

Los castellano leoneses votaron a favor de las derechas, el PP logró 33 procuradores y Vox, 14. El pacto de la vergüenza era esperable. Porque aunque el PSOE fue la segunda fuerza más votada y consiguió dos escaños más que en 2022. No sirvió de nada y con los partidos de la izquierda, a la izquierda del PSOE, incapaces de unirse y de conseguir votos. El pacto de la vergüenza, guste o no, cuenta con el apoyo de la ciudadanía. Por lo menos, de momento.

A los que votan a las derechas, no les preocupa que haya más racismo, menos derechos y libertades, más negacionismo climático y menos Estado de bienestar. Porque hay muchas personas que están a favor de la a «prioridad nacional» en el acceso a las ayudas sociales.

Son los que dicen defender el sector primario, estando en contra del Pacto Verde Europeo. Los que están a favor de la reducción de impuestos, de los productos españoles, del patrimonio natural y de la caza. En contra de la inmigración masiva e incluso en contra de las propias autonomías.

Los que votan a las derechas tienen una visión diferente de las cosas y no creen que sea un pacto de la vergüenza, sino la única opción de cambio y de mejora. El reto de las derechas es convencer a una mayoría social, de que defienden lo correcto en las próximas elecciones generales.

La difícil tarea de Feijóo es convencer, sobre todo a PNV y Junts, que el «pacto de la vergüenza» también lo será a nivel nacional. Que gobernará con la extrema derecha y aceptará sus exigencias. Quizás consiga a través de las urnas una mayoría. Pero, de momento, sin el apoyo de independentistas catalanes y vascos. Feijóo tendrá que esperar.

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