El chivatazo, deriva de «chivar«, es decir, delatar o informar. Ha existido siempre como forma de filtración para frustrar una acción policial o judicial. Pero, cuando la «doctrina del chivatazo» se convierte en una forma de premio para el delator.
Las manifestaciones y pruebas de cargo a la justicia de un presunto delincuente, deberían tener ciertos límites. Y, nunca olvidando el derecho a la presunción de inocencia del investigado. Ya que su uso tiene muchos peligros. Porque la presentación de pruebas de cargo, no debería de hacer olvidar nunca su relación con el delito.
Porque siempre es importante para la Justicia, que existan personas que ayuden en la obtención de pruebas, facilitando la investigación y permitan la persecución de delitos de especial gravedad. Y, que consecuentemente sean «premiados» con una rebaja de la pena. Pero, no con el premio del beneficio económico.
Tal como sucedió en el trato recibido por Víctor Aldama en el proceso en el que resultó recientemente condenado por el Tribunal Supremo. En el cual se libró de entrar en prisión y se pudo quedar con la comisión íntegra de 3,7 millones de euros que cobró por la venta de mascarillas durante la pandemia.
Si la Justicia favorece la colaboración con la «doctrina Aldama» o «doctrina del chivatazo», premiando con la libertad a quien delate la corrupción del Gobierno. Sea el «caso cloacas», «caso Cerdán», «caso Plus Ultra», «caso sobres de Ferraz» o «Rodríguez Zapatero». Donde se abre la veda a todos los que no les importe traicionar, para evitar la prisión.
Existe algo tan humano como es el acto interesado de salvarse uno mismo, aunque tenga que perjudicar a otros. Cuando la prisión es una amenaza, las personas se olvidan de la amistad y de la lealtad. Lo podemos llamar traición. Pero, es una reacción también buscada por esa delación premiada con la «doctrina del chivatazo».
A lo que parece se han adherido con sus escritos presentados, tanto Julio Martínez Martínez, asesor de las sociedades que llevaron a cabo supuestamente, los pagos a José Luis Rodríguez Zapatero. Y, Julio Martínez Sola, presidente de la compañía Plus Ultra. Buscando ambos Julios, negociar con la Justicia.
Dice Julio Martínez que el expresidente «marcaba los pasos» y admite una comisión por el rescate de Plus Ultra. Pero, no olvidemos que en sumario de Plus Ultra, él es el intermediario o comisionista habitual entre la aerolínea rescatada, consultorías y pagos investigados a Rodríguez Zapatero.
Es curioso, que la Justicia deba de creer las declaraciones y pruebas, de quien se ha beneficiado de una supuesta trama. Por conseguir los términos de un eventual acuerdo para rebajar la pena. Buscando culpar a Rodríguez Zapatero, para el rescate de Plus Ultra. Por eso, es tan peligrosa la jurisprudencia, como en esta «doctrina del chivatazo».
Admito que es un instrumento al servicio de la justicia, que ayuda a la obtención de pruebas, facilitando la investigación y la persecución de delitos de especial gravedad. Pero, hasta qué punto es lícito llegar a acuerdos con los colaboradores para no ejercer la acusación o para retirarla como respuesta procesal frente a un delito. Y, que ocupen una posición relevante en la trama delictiva.
El premiar a los investigados por delitos graves que colaboran aportando pruebas relevantes al esclarecimiento de la trama. Cuando su confesión se produce una vez iniciadas las pesquisas, no me parece que sea lo más justo que un Estado de derecho deba de premiar.
La «doctrina del chivatazo» no puede crear personajes que tienen acreditados delitos y «salen de rositas». Y, como en el caso de Aldama: a una supuesta máxima colaboración, se le ofreció también la máxima compensación. Partiendo siempre de la presunción de inocencia de Rodríguez Zapatero, no se puede dar la veracidad a un presunto testaferro, que hará todo lo posible para rebajar su condena.
Incluso puede ser que todos se arrepientan. Una opción muy cristiana. En la que arrepentirse implica reconocer que se ha cometido un pecado, sentir dolor por haber ofendido a Dios, confesarse y tener la intención de no volver a pecar. A lo mejor Rodríguez Zapatero se arrepiente, pacta con el juez José Luis Calama el quitar la imputación a sus dos hijas y a su secretaria Gertru. Incluso para cumplir el deseo de muchos sectores de la derecha, Rodríguez Zapatero podría acogerse a la «doctrina del chivatazo» e inculpar a Pedro Sánchez. Al final se habría conseguido el objetivo.
