En algo que se parece el fútbol y la política, es que las emociones irracionales predominan sobre la razón. El fútbol es un elemento de integración y también de polarización. Donde el patriotismo se une también a un nacionalismo en el que se olvida todas las miserias colectivas y se exalta todas las dichas. El fútbol consigue crear y unir a un país en una especie de solidaridad común. Por supuesto, un solo partido de fútbol es capaz de unir a más personas que las reivindicaciones por la sanidad, la educación o cualquier derecho social.
El fútbol consigue crear un orgullo nacional en el que muchos españoles se sienten orgullosos de serlo. Que no es capaz de conseguir la política, ni con el patriotismo territorial, lingüístico o cultural. Se acaban las banderas y las camisetas, tanto la blanca como la roja, de la selección española. Se llenan balcones y calles con banderas españolas, no para atacar a los independentistas catalanes, sino para mostrar el apoyo a la selección española.
Los líderes políticos se autoproclaman patriotas, cada uno a su manera y siempre han utilizado el fútbol para ensalzar el sentimiento nacional a través de una pelota, sin necesidad de esforzarse. Desde dictadores hasta líderes democráticos. Sin necesidad de referencias patrióticas, idiomáticas o culturales. Si la pelota entra en la red de la portería, las emociones hacen el resto. Para muchos lo más importante de lo menos importante.
Muchos definen al deporte y al fútbol en particular como «el opio de los pueblos«, parafraseando a Marx en su caracterización de la religión. Un fenómeno que adormece y distrae a las masas en reivindicaciones sociales justas. Incluso una sociedad que cada vez defiende posturas más racistas, es capaz de admitir el carácter multirracial de la selección española. Lo que no sé, si es como defensa de los derechos humanos de las minorías o simplemente por el convencimiento de que con Lamine Yamal y Nico Williams, somos mejores.
Aunque, también hay otra parte de la sociedad que ven negativamente que en la selección española o en la francesa, jueguen jugadores que no son blancos. Lo cual representa que los partidos antidemocráticos y racistas siempre utilizan cualquier oportunidad para utilizar las emociones. Al igual que lo utilizan las fuerzas nacionalistas vascas y catalanas para mostrar su rechazo a la victoria de la selección española. Cada uno utiliza las emociones para sus propósitos.
El partido de esta noche entre España y Argentina, es la oportunidad de mantener el cariz patriótico que aún perdura desde hace 16 años. Con el gol de Iniesta en el Mundial de Sudáfrica contra Holanda. Los españoles y argentinos esta noche, convertirán a unos jugadores en sus grandes ídolos, héroes, intocables, dioses de carne y hueso a los cuales venerarán. Y, que además percibirán si son campeones de mundo, alrededor de 800.000 euros brutos cada uno. A deducir los impuestos correspondientes.
Me pregunto, si las emociones y el patriotismo se sienten igual cobrando una prima o sin cobrar. Por supuesto, no voy a sugerir que dicho dinero lo donen a una institución benéfica o a una ONG. Pero, me preocupa esta sociedad que sabe más de fútbol que de derechos. Y, que le preocupe más si entra o no un balón, que reivindicar necesidades sociales. En el fútbol, sabemos que ganará España o Argentina. Pero, mañana lunes, todo seguirá igual para la ciudadanía española o argentina. Aunque estén alegres por el triunfo o tristes por la derrota.
El jugar con las emociones, sirve solo para los propósitos de los anunciantes y de los políticos. Y, que por desgracia predominan sobre la razón. Consiguen el apasionamiento, patriotismo o simple fanatismo. Donde la gente deja de pensar con la cabeza, para sentir con el corazón. Es lo que busca una parte de la política populista. No quieren una sociedad que piense, se cuestione y reclame cambios. Buscan simplemente dar rienda suelta a unas emociones patrióticas tras la victoria de la selección nacional. Lo demás, se ve que no interesa a casi nadie.
Mi opinión es que el resultado del partido entre España y Argentina me es indiferente. Aunque, prefiero que gane España. Pero, que no de ser así, tampoco tendré un gran disgusto. Ni seré de esos que verán el partido con una camiseta de la selección y gritos desmedidos como acto de patriotismo. Me gusta defender derechos y protestar contra las injusticias, que es otra forma de patriotismo. Pero, no quiero ser víctima de este adormecimiento colectivo.
