Si Carlos Marx dijo que: “la religión es el opio del pueblo”, la impostura del fútbol, es el nuevo opio del pueblo. Yo no ví la final de fútbol de la Liga de Campeones, ni la ví, ni la escuche por la radio, ni siquiera la miré en internet. El Real Madrid, es campeón de Europa por undécima vez, ganó en tanda de penaltis al Atlético de Madrid, pero la vida sigue igual, por lo menos para mí. Se estima que el valor de ser campeón de Europa se aproxima a los 120 millones de euros y que cada jugador aparte de sus fichas, derechos de publicidad se embolsan 600.000 euros más por ser campeones.

Los españoles siguieron el partido por televisión, casi 13 millones de espectadores y casi 18 millones vieron al menos un minuto del partido. Las calles vacías, los bares llenos, todo gira alrededor de un partido de 22 futbolistas que corren detrás de un balón. El fútbol es un deporte, cosa que creo que se olvida. Para los niños, los jóvenes que juegan puede ser un medio de convivencia, de sociabilidad, de competitividad. Pero, como tema de debate y de conversación intelectual es bastante pobre. Sentarse a ver un partido, en el estadio o delante de una televisión es bastante aburrido, tiene que ver muy poco con el deporte y más con un negocio éticamente desmoralizante, ante las grandes cifras que se manejan.

El opio es una sustancia que provoca un efecto analgésico, por eso el fútbol es el nuevo opio del pueblo, desvía las preocupaciones colectivas, crea un embrutecimiento colectivo en los aficionados y encumbra mitos por meter un balón en una portería, por hacer un regate o dar un pase. Incluso el fútbol ofrece la defensa de un patriotismo, sea el patriotismo catalán con el Barcelona, sea el patriotismo español con la selección española. Los aficionados se envuelven en sus banderas, se pintan las caras, compran las camisetas de sus ídolos, se gastan el dinero para verlos.

El fútbol une más que la lucha por nuestros derechos. A partir del 10 de junio comienza la Eurocopa de Francia, todas las plazas de España se llenarán de gente feliz, deseosa del triunfo de la «Roja», si hay un triunfo deportivo los aficionados se olvidarán por un momento, de los centenares de miles de ciudadanos en situación extrema, de si están en paro, si deben el recibo de la luz o están a punto de perder su vivienda. Yo no ví el partido de la Champion, ni veré ningún partido de la selección y seguiré pensando que es el nuevo opio del pueblo. Una manera de evadirnos a un mundo imaginario, de hacernos olvidar que es más importante la lucha por nuestros derechos, que el triunfo en un partido y la prima indecente que cobre un futbolista por ser campeón.

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