Hablar de utopía es hablar de ajeno a la realidad y también de oponerse a la realidad existente, es hablar de un lugar bueno que no está en ningún lugar, es una travesía que no te lleva al fin, es la imposibilidad de ser cumplida, es como un sueño que no se cumple. La utopía de unos pocos está asentada sobre la distopía de los demás, aunque parezca una realidad que no se puede cambiar. El futuro debe ser algo más que la repetición de lo conocido, debe ser mejor por obligación, donde la utopía nos permita ser mejores y con la capacidad de no perder la capacidad de soñar. De convertir lo que creemos imposible en posible.

El inconformismo, es una manera en que el mundo cambie, no basta con adaptarnos, hay que cambiar. Porque “No hay mal que por bien no venga”,  hay que prepararse y seguir trabajando por alcanzar el objetivo que se quiere y sin perder el optimismo. Lo mejor está por venir. Frente a una realidad distópica, necesitamos un pensamiento utópico y revolucionario. Sin utopía no hay esperanza, sin ella no hay cambio, ni mejora.  No importa que las cosas sean inalcanzables, lo importante, como dice el periodista y escritor uruguayo, Eduardo Galeano, es que nos hace caminar.

Sigo confiando en las personas, pensando que el ser humano es bueno en esencia, me gusta poner empatía y altruismo, huyendo del egoísmo en mis relaciones personales y sociales. Intento respetar, no prejuzgar, catalogar ni despreciar a nadie. Me gusta recordar la responsabilidad que tenemos hacía los demás, pedir las cosas por favor y dar las gracias, recoger un papel del suelo o ayudar a cualquiera. Intentar alcanzar el cambio como respuesta a las necesidades que surgen en cada momento, en todos los niveles de la vida.  

Nunca me he planteado, si sirve para algo o merece la pena luchar por la libertad, la solidaridad, la democracia o la justicia, creo que es una obligación que tenemos hacia nosotros y hacia la sociedad.  Es curioso que a lo largo de los años he cambiado muy poco mis principios éticos, he cambiado mi situación económica, mi situación personal, pero sigo siendo el mismo, a pesar de estar rodeado de un mundo individualista, egoísta y con moral capitalista.  

Me pregunto, si después de 60 años, si aún no he dado el paso de la utopía a la realidad, probablemente no esté nunca preparado y siga pensando que puedo seguir con el deber de comprometerme a mejorar las cosas y a nosotros mismos. A luchar por la libertad de pensamiento, la libertad de expresión y  la democracia, como un simple aprendiz de utopía

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