Se acabó Juego de Tronos, probablemente la serie de ficción más importante, por lo menos hasta ahora. Hoy millones de personas en todo el mundo, han estado delante de un televisor, tableta o móvil viendo el último capítulo que muchos han intentado paralelar a situaciones políticas reales y que todos tenían, en su mente, un final diferente. El desarrollo de nuestra capacidad creativa e imaginativa nos hace muchas veces no distinguir lo imaginario de lo real, es la causa por la que sucesos de ficción los creemos reales, buscando similitud con la realidad y omitiendo que son simplemente falsos, sin ninguna validez en términos de verdad o autenticidad. Pero, que crean adicción a millones de personas y convierten una serie en algo más que pura ficción.

La ficción convierte lo irreal en fantástico, lo inverosímil en posible; la mentira sobrepasa a la verdad, se juega con excitar la curiosidad, en este caso de los espectadores. Se narra, se inventan situaciones y personajes que pueden llegar a confundir con la realidad. Juego de Tronos ha conectado conceptos de realidad y ficción, con sentimientos y pasiones, hechos ficticios que parecen reales, que pueden ser posibles en la realidad. Todo mezclado con la acción, el drama, la intriga, con la complejidad de la trama y de los personajes. El telespectador llega a meterse en la serie, lo compara con el mundo real y además lo convierte en viral en las redes sociales. La popularidad crece, se propaga, llega más allá de un público determinado, no tiene límites y cada espectador se erige en guionista de la serie.

La verdadera realidad se compara con la ficción, se busca concordancias con personajes y situaciones reales. El continente ficticio de Poniente, sus personajes nobiliarios en busca del control del Trono de Hierro y las luchas por gobernar los siete reinos, han supuesto un fenómeno que ha trascendido las pantallas, hasta convertirlo en un culebrón de telenovela, que ha enganchado a millones de personas y ha reportado pingües beneficios a productoras, actores y marketing en general.

Estamos en tiempo de series de ficción, de cadenas televisivas por suscripción, de distribución online. Donde ver un capítulo, puede acabar en ver una temporada; donde ver una serie se convierte en un maratón de series. Una forma de escaparse de uno mismo, de huir de la realidad, de la sociedad y de la familia, buscando dispositivos con pantallas, para quedar atrapados en ver capítulos sin poder parar y comentarlos en las redes sociales. Una forma de estar inmersos en un mundo irreal, a espaldas de la realidad, conformándonos con ver la vida en una pantalla y dejándola de vivir por nosotros mismos. Merece esto una reflexión, pero también un cambio de actitud para no perder nuestra vida entre series y redes sociales…

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