Los jóvenes y mayores que están acampados en plazas. Que salen a las calles a reivindicar el derecho a la vivienda, no son todos iguales, ni piensan de la misma forma. Pero, tienen un compromiso: ¡ Aquí están los antifascistas ! A lo mejor sus padres eran obreros con conciencia de clase o han adquirido sus valores ellos solos. Sus principales valores son la solidaridad, quieren evitar el pesimismo y hacer algo por cambiar las cosas.
A lo mejor ni siquiera son todos de izquierdas, ni se desenvuelven en ambientes culturales o de militancia política, en asociaciones ecologistas, feministas o en movimientos sociales. No sabemos si todos trabajan o estudian. Pero, lo que no se les puede es descalificar, asociarlos a la izquierda radical, a la vagancia, a la falta de higiene, con la droga o incluso con el terrorismo. A las derechas les molesta que un grupo de personas salgan a las calles a reivindicar derechos y que reflejen la realidad de un grupo amplio y diverso de la población.
Casi con seguridad en estas acampadas y manifestaciones no hay personas que vivan en el Barrio de Salamanca, en la Moraleja, en La Finca o en tantas otras urbanizaciones del norte de Madrid. Los que van a un colegio privado o concertado. Que sus familias tienen una posición económica que les permite comprar un piso para ellos. Y, que casi con seguridad disponen de un buen trabajo y llevan una pulsera con la bandera de España. Son los que muestran su disconformidad con el gobierno de coalición y acuden a manifestaciones para insultar al presidente del Gobierno. Y, tienen sus afinidades con el Partido Popular o la extrema derecha. Estos no necesitan reivindicar la vivienda, prefieren ir en contra del aborto, de la eutanasia o del sanchismo.
Después, hay otra parte de la población que tampoco tiene vivienda, ni un trabajo digno y que viven en la precariedad. Pero, prefieren confiar en los se oponen a la subida del salario mínimo, perdonan impuestos a los más ricos y se niegan a aplicar la ley de la vivienda. Porque hay una parte importante de la sociedad que prefieren creer las promesas de la derecha y de la extrema derecha. Estos tampoco participan en estas acampadas y manifestaciones. Nadie está obligado a reivindicar y luchar en lo que no cree.
Pero, cuando un grupo de personas deciden luchar por sus derechos, no se les puede llamar vagos como los tilda la derecha, justificando un sistema explotador que les niega el acceso a la vivienda y al trabajo. Una nueva frustración social, que activa a una ciudadanía progresista, que quiere reforzar un proyecto democratizador. Tratando de avanzar en un objetivo común: generar mejores condiciones para el acceso a la vivienda. Y, dejando muy claro su mensaje antifascista, abriendo una etapa democratizadora con un nuevo impulso transformador en las calles y plazas.
El derecho a la vivienda no debería de ser una cuestión política. El declive representativo de la izquierda es evidente y las expectativas vaticinan la posibilidad de la victoria de las derechas en las próximas elecciones generales, con sus efectos perjudiciales para las mayorías populares y los sectores progresistas. Con una manipulación por parte de las derechas, que defienden un discurso para defender los privilegios específicos de los propietarios y de los grandes tenedores. A ellos no les molesta que la vivienda sea un negocio.
Las personas que están luchando en las calles y plazas tienen una doble convicción: realismo y voluntad transformadora. Su empeño y estrategia compartida, va a obligar a cambiar las políticas tanto de derechas como de izquierdas. Levantando muchas expectativas. Que pueden ser decisivas en las próximas elecciones generales. Personas que están dispuestos a defender los derechos para todos. Que los defienden frente a la extrema derecha que les hostiga, respondiendo sin violencia, gritando: ¡ Aquí están los antifascistas ! Un ejemplo a seguir por todos.
