En este momento estás viendo Pueden pasar los años, pero la «peste» puede regresar.

Pueden pasar los años, pero la «peste» puede regresar.

Albert Camus en su novela La peste (1947), al final de la obra, mientras la ciudad celebraba el fin de la epidemia de la peste, el protagonista el doctor Rieux nos recuerda que: «el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás». Pueden pasar los años, pero la «peste» puede regresar. Camus escribió La peste, no sólo para hablar de una enfermedad, sino como una metáfora sobre el totalitarismo, los fanatismos, las guerras, el fascismo y con la sociedad que olvida su pasado. La historia se repite, parece que insistimos en comportarnos sin aprender las lecciones del pasado.

La «peste» llega de la ceguera colectiva, se prepara en la normalidad, crece con el cabreo y se alimenta del discurso del odio. Nadie lo ve llegar y muchos piensan que no puede regresar. Las pestes pueden tener muchos nombres: populismos, extrema derecha o simplemente fascismo. Cuando llega ya no hay solución, la sociedad debe acostumbrarse a la pérdida de derechos y libertades. La peste seguirá haciendo su trabajo, donde muchos no se salvarán, pero donde todos sufrirán los efectos de la epidemia. La vacuna para que no se extienda la peste, es el voto, aunque el voto también puede ayudar a su expansión.

Esta peste es algo que destruye la democracia, los derechos, las libertades, la igualdad, la justicia social y el medio ambiente, que conduce a la polarización y a la crispación, contribuyendo a que esta sociedad sea un lugar peor. Existe el debate si los sistemas democráticos se deben proteger de las ideas que amenazan los derechos y las libertades de las personas o priorizar la libertad de expresión. En una sociedad que parecía que el debate entre izquierda y derecha estaba más o menos superado. Ha aparecido de nuevo en todo el mundo, el populismo de una extrema derecha que gobierna o impone sus directrices que se ubican en la radicalidad.

Una peste que rechaza la inmigración, el aumento de flujos migratorios y los modelos multiculturales. Que se oponen a las políticas de igualdad basadas en la perspectiva de género, las leyes LGTBIQ+ y en contra de las agendas del feminismo. En contra de derechos asumidos socialmente como el aborto o la eutanasia. Rechazan lo que consideran imposiciones progresistas en la educación pública, los medios de comunicación, la cultura y la ecología. Mantienen un histórico y marcado anticomunismo. Aparte de un escepticismo a todo lo que sea cesión de soberanía nacional a organismos supranacionales.

La peste que expande el resentimiento, incita al odio, busca soluciones fáciles a problemas complejos, un vacío intelectual basado en mentiras y bulos. Buscando su ideal de civilización. A lo mejor no es lo mismo de Hitler, Mussolini, Pinochet, Videla o Franco, pero tampoco reniegan el pasado donde el fascismo era un fenómeno muy popular. Y, donde la sociedad ha cometido el error de creer que el fascismo había desaparecido. Han pasado los años y la peste puede regresar.

Que ahora vivamos en democracia no quiere decir que la tengamos para siempre o que no podamos perder derechos y libertades. En nuestra decisión está ser libres, tener derechos para vivir con dignidad e igualdad. Y, no estar mandados por unos poderes fácticos basados en el capital. Mantener nuestra democracia depende de detener la peste de estos líderes populistas y de sus ideas que solo defienden los intereses de unos pocos y nada más.

No necesitamos salvadores, que nos mientan y apelan a los peores instintos, explotando el odio. Ante una izquierda que ha abandonado sus ideas. Si hemos llegado al convencimiento de que el mejor modelo es la democracia. Usemos y defendamos dicho modelo. El comunismo se ha ido. No dejemos que el populismo de extrema derecha destruya lo que hemos conseguido en todos estos años, después del franquismo. Necesitamos que la extrema derecha no crezca, que no impongan sus ideas como la peste.

Deja una respuesta