Las elecciones de medio término de Estados Unidos o «midterms» han dejado un giro de poder y también un equilibrio de poder. Los demócratas recuperan el control de la Cámara de Representantes y del Senado, lo que supone que el presidente Donald Trump, tendrá que enfrentarse a un Congreso controlado por la oposición durante los dos últimos años de su mandato. Esta es la gran gran ventaja de la democracia, gracias al voto se pueden revertir errores del pasado y poder cambiar.
La población de Estados Unidos está harta de los precios en ascenso, sobre todo de la gasolina, de la guerra en Irán, de la relación del país con Israel y de lo que cada vez más se califica como la corrupción de la Administración Trump. Un presidente que fue elegido con la promesa de una gestión económica estable y de no iniciar ninguna guerra, lleva dos años persiguiendo una agenda ideológica extrema que cuenta aún con una parte de estadounidenses.
De repente, los demócratas han ganado en lugares donde llevaban una generación sin tener opciones. De repente, el mapa político estadounidense tiene un aspecto diferente. La participación de los votantes y el rechazo de una parte de la población, principalmente la de habla hispana, en contra de las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Este ha sido una forma de rechazo de nacionalizados e inmigrantes latinos que muchos votaron a Donald Trump en las elecciones.
Estas elecciones de medio término de Estados Unidos, pueden servir para un equilibrio de poder. Siempre y cuando el Congreso cuente con una mayoría de dos tercios para anular el veto presidencial y que permita aprobar leyes que permitan alcanzar objetivos diferentes a los que pretenda Trump. Así medidas como cortar la financiación para la guerra con Irán. el apoyo militar a Israel o cambiar la política de aranceles.
Este supuesto equilibrio de poder puede chocar con un presidente que nunca se ha sometido voluntariamente a restricciones. Y, que puede suponer un Trump políticamente herido y enfadado que puede decidir descargar sus frustraciones en el extranjero. Con más apoyos militares en Irán, más ayudas a Israel, una guerra de Ucrania sin acabar o la invasión de Cuba. Todos desconocemos lo que pueda pasar. Tiempo al tiempo.
Lo importante, como pasó en Brasil es que la ciudadanía puede a través de su voto cambiar las cosas. La ciudadanía muchas veces desconoce el poder que puede llegar a tener con su voto. Cuando la participación y las ganas de cambio se unen en el voto. Todo es posible. Con ese potencial se pueden cambiar gobiernos, cambiar los resultados de las encuestas y convertir al supuesto derrotado en triunfador. En todo este esquema de despertar conciencias y promover la participación, es necesario el voto de los abstencionistas, los jóvenes y los indignados que cambiaron su voto habitual, por un voto de protesta.
El voto como herramienta de cambio, solo es posible cuando la participación de la sociedad, una ciudadanía participativa e informada va masivamente a votar. Naturalmente lo que no podemos asegurar es a quién irá dirigido el voto. Se puede producir como en las elecciones americanas de 2024, que a Trump le votaron más de 77 millones de americanos, mientras a Kamala Harris, le votaron más de 75 millones. Por lo tanto Trump llegó a la presidencia.
El 35,7% de la población estadounidense con derecho a voto, no votaron. La pregunta es ? hubieran cambiado los resultados ? ¿ Hubiera cambiado el 49,91 % de Trump y el 48,43 % de Kamala Harris ? Las Midterms presagian cambios, pero no impedirán que Donald Trump siga gobernando. Pero, de momento serán un ejercicio de equilibrio de poder para estos dos años. Y, una posible esperanza de cambio, de republicanos a demócratas, en las elecciones presidenciales para el período de 2029 a 2033.
