La infoxicación es el exceso de información que nos abruma, más de la necesaria. Una superabundancia de comunicación a los usuarios de internet, que nos hace saltar de una noticia a otra sin acabar de leerla, sin profundizar en ellas, no somos capaces de dedicarles el tiempo suficiente para asimilarlas. Donde pasamos del whatsapp al correo, de una llamada a ver un video, de ver una noticia a seguir una historia en Instagram, de recibir una foto a hacer un comentario en Facebook, enviar un tuit o jugar en un videojuego en línea. Vivimos en la era de la inmediatez, con ansiedad de no perdernos nada, con tics compulsivos y reiterados, donde muchas cosas son superfluas pero necesitamos verlas o leerlas. Donde prevalece la exhaustividad frente a la relevancia, donde la infoxicación confunde entre lo que es cierto y lo que es ciertamente falso, se juega al equívoco más que a informar. En definitiva, limita nuestra capacidad para comprender y nos puede llevar a lo contrario de lo que estábamos buscando: la desinformación.

Cada vez más y más personas se conectan a Internet, con mayor velocidad de conexión, para transferir muchos datos y hacerlo más rápido. Estamos conectados desde los ordenadores, desde las tabletas, los televisores, los relojes inteligentes, pero sobre todo desde nuestros teléfonos inteligentes. Internet es la forma más natural de acceder a canales de información, de música, videojuegos, realidad virtual, para ver películas, series, deportes y todo tipo de emisiones en directo, gratuitas o de pago. Y, nos llega el internet de las cosas, que parecía del futuro pero ya es del presente, cuando todos los dispositivos y objetos de nuestro hogar y de nuestro entorno laboral estén conectados a través de internet, dónde todos ellos podrán ser visibles e interaccionar. Internet en el control de tráfico, en la calefacción de un edificio, en el control del transporte público, en los coches autónomos o un chip implantado en el cuerpo que puede servir de control policial o sanitario, que puede ser con el tiempo, el sucesor de los teléfonos móviles: la información y el control integrados en nuestro cuerpo.

El término «big data» se refiere al análisis masivo de datos que hay en internet, que son tan grandes, rápidos y complejos que era difícil procesarlos con los métodos tradicionales. El big data permite recopilar información de nuestras visitas a una página web, cuando interactuamos en las redes sociales, nuestros correos, whatsapp, los registros de llamadas y otros orígenes de datos para estar totalmente controlados. Nos ha hecho perder nuestra privacidad. Pero, la importancia del big data no gira en torno a la cantidad de datos, sino en lo que se hace con ellos: analizarlos para encontrar respuestas. Desde desarrollar nuevos productos y servicios hasta tomar decisiones inteligentes, pasando por reducir costos y tiempos. Se ha convertido en el gran negocio: nuestros datos. Toda la infoxicación es para que nosotros interactuemos y pongamos nuestros datos en internet al servicio de las grandes multinacionales.

Las tecnologías nos han reportado muchas ventajas, nos han abierto puertas nuevas, comunicarnos en tiempo real, interactuar de una punta a otra del mundo, con cientos o miles de personas. Vivimos enchufados casi permanentemente al móvil, al correo, Whatsapp, Facebook, YouTube, Twitter, Instagram, Skipe, TikTok, etc.  Internet ha transformado el mundo, se ha convertido en parte de nuestras vidas, sin el cual ahora nos resultaría difícil entender nuestro día a día. Nos hemos desconectado del mundo real para estar conectados a un mundo digital del que somos esclavos, que nos crea dependencia, ansiedad y que nos convierte en seres controlados para los intereses del capitalismo y para satisfacer nuestras ansias de comunicación y consumo. Estamos todos infoxicados, es el capitalismo en acción…

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