Los bulos han existido siempre, pero desde que Internet está en nuestras vidas, parece que han vuelto a resurgir gracias a las redes sociales. Normalmente son una estrategia de comunicación ocultadora y tergiversadora de lo real con una intencionalidad de influencia político/social.  Los «hoax» comenzaron en la Red, hace unos años por el mítico Messenger, eran cadenas interminables de correos electrónicos con una supuesta amenaza o beneficio, que tú recibías y tenías que enviar a una cadena de correos.

Los bulos, son informaciones insólitas, que no aparecen en otros medios, que se comparten en cadenas de WhatsApp o en cuentas de Twitter y Facebook, como una información, a pesar de no tener la convicción de que sea veraz. Los bulos son mentiras, que a partir del uso de datos reales, crean, potencian y propagan leyendas urbanas, posibles peligros o peticiones de solidaridad. Eso provoca que, incluso sin intención, contribuyamos a su viralización. Somos cada uno de nosotros, los responsables de ayudar a propagar o a detener una mentira.

Muchas veces cuando se lee un bulo, pones en duda la poca inteligencia del que lo lee y lo difunde, aunque en la mayoría de la veces, existe una intencionalidad o simplemente mala fe, que no solo nos acaba engañando sino que difundimos a otras personas por nuestra culpa. Parece que con el pretexto de informar, de persuadir o de proteger a los demás solo contamos mentiras. Si la información de los grandes medios de comunicación, siempre nos han ofrecido informaciones orientadas en una dirección determinada, sesgadas o simplemente manipuladas, ahora las hemos sustituido por las mentiras y la inmediatez de las redes sociales. La responsabilidad de cada uno de nosotros, estaría en que cuando recibimos o leemos un bulo, sea por WhatsApp o por cualquier otro medio, sería no pasarlo a nadie e intentar buscar otras informaciones para intentar averiguar la verdad.

Los bulos se han convertido en esa forma de manipular la opinión pública, con unos objetivos, de una manera parcial y torticera, comenzando por el Estado, siguiendo por los poderes financieros y los partidos políticos. Nada es casual, todo es intencionado, para confundir lo qué es lo verdadero de lo falso. Con el objetivo de hacer llegar mentiras y discursos populistas a una parte de la sociedad, que muchas veces están desencantados de la política tradicional y que son capaces de creerse una parte concreta de la realidad, buscando el descrédito de la democracia.  

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