Cuando hago el resumen del año que se va, lo primero es aceptar la realidad de todo lo que ha pasado y después la reflexión de no resignarse, de no conformarme, de luchar y de intentar cambiar, en la medida que se pueda, la realidad, como aprendiz de utopía. Abordando todo desde perspectivas discrepantes, porque no todo el mundo ni tiene la misma percepción de la realidad ni por supuesto de cambio. Desde este blog, intento hacer una permanente reflexión sobre la realidad del día a día, creyendo que las palabras pueden cambiar la realidad, aunque muchas veces, es la realidad la que me hace cambiar las palabras. Todo desde mi compromiso por la honestidad, de entender el mundo, solidariamente, de responsabilidad, de compromiso activo, de luchar contra los más desfavorecidos y vulnerables: desde las personas trabajadoras en paro, los que aún trabajando siguen siendo pobres, las mujeres, los jóvenes sin futuro, los pensionistas, personas con capacidades diferentes o los migrantes. Mirando el pasado, comprendiendo el presente e intentando con las utopías cambiar el futuro.

Este 2020 he escrito demasiado sobre el Covid-19 y he olvidado temas sociales: que nos han hecho más pobres y más desiguales, en la que hemos perdido derechos y en la que cada vez somos más dependientes y esclavos de un sistema económico neoliberal, capitalista y consumista. Donde solo existe la ley del más fuerte, donde «el pez grande se come al chico». Y, en momentos de crisis, se cumple siempre que los intereses de los más grandes están por encima del resto. Cuando pase esta pandemia, el resultado aparte de fallecidos, será la cantidad de personas que han caído en la mayor de las pobrezas y los que se han hecho tremendamente más ricos a costa del sufrimiento de los demás. En definitiva, un año de más pobreza y desigualdad, donde  el Covid-19 no es solo un problema sanitario que contagie y mate, es una forma de incrementar la exclusión de mucha gente.

Aceptar la realidad de que nos hemos topado con un virus nuevo para la ciencia, ante el que no hemos sabido cómo enfrentarnos. Significa reconocer que no teníamos los recursos apropiados para prevenir y superar esta pandemia, que hemos sido incapaces de comprender la información disponible en cada momento y prever que se avecinaba un futuro incierto. Que hemos reaccionado con lentitud, repitiendo los errores, respondiendo de formas diversas y sin coordinación. Donde parece que nadie tenía previsto que una pandemia en occidente podía ser posible, donde nadie pensó que vivimos en un mundo global y algunos pensaron que el virus respetaría las fronteras. Hemos sido tan engreídos y estúpidos, estábamos convencidos de que la ciencia, la tecnología y la medicina lo podrían resolver rápidamente. Nos hemos encontrado con negacionistas y con populistas a lo largo del año, proclamando que el Covid-19 era “poco más que una gripe”.

Un año en el que han querido convertir en héroes a los sanitarios, para no hablar de falta de recursos asistenciales, del gasto sanitario, de reformas estructurales, de una incapacidad científica e industrial de España. Donde la planificación se ha suplido por trabajo y esfuerzo. Donde los políticos han utilizado los errores, las deficiencias y las muertes para los oportunismos partidistas, olvidando un empeño unitario. Más contagios, más sanidad colapsada, más muertes, más pobreza, más desigualdad, no solo por un virus, sino por culpa de un sistema económico neoliberal que ha impuesto su recetario: privatización de empresas públicas, desregulación de los mercados financieros, reducción del gasto público y fomentar el consumismo como único mandamiento capitalista.

Hemos de aceptar que esta sociedad es la que tenemos y la que no hacemos nada para cambiarla, este año 2020 ha sido el Covid-19 la excusa, como en el año 2008 fue una crisis crediticia-hipotecaria y de confianza en los mercados. Siempre pierden los mismos y siempre aumentan las tasas de ganancia para los de siempre, la desigualdad social se acelera, los salarios tienden a disminuir y el desempleo, a aumentar. Realmente, tampoco ha pasado nada diferente a otros años, sino fuera por cerca de 82 millones de contagios y más de 1,7 muertos en todo el mundo. Y, muchos a pesar de todo esto, siguen pensando en celebrar la Navidad y en salvar la economía. No entiendo nada, solo me queda aceptar esta realidad, pero eso no significa resignarse a cambiar un día esta sociedad imperfecta. sobre todo para los más débiles y necesitados. A los que nada les cambiará el nuevo año, sino es para peor…

Un comentario sobre “Aceptar la realidad no significa resignarse.”

  1. Aceptar es abandonar la batalla hacia lo que creemos que no tiene solución, en lo que pensamos que no depende de nosotros. Conformarse o resignarse a algo, es rendirse sin más, es admitir que estamos predispuestos a dar por imposible mejoras en esta sociedad. Vivimos con una serie de pensamientos, conductas y reacciones muy adictivas que funcionan en nuestro subconsciente. Nos hemos convertido en victimas de nuestra realidad.

    No tenemos trabajo o lo tenemos y no ganamos lo suficiente. Pero tenemos impulsos para comprar por internet cosas que realmente no son necesarias. Nos han hecho creer: que tener es ser. La pandemia nos ha creado falsas necesidades: desde comprar online, a ver series compulsivamente o jugar a videojuegos… Nos hacen olvidar, nuestros problemas, nuestras urgencias y nuestra economía para ser más rehenes y más hipotecados por las deudas.

    Hemos llegado a perder el miedo a una pandemia, por el deseo de tomar algo en una terraza, por socializarnos, por consumir. Nos hacemos pruebas de PCR o test de antígenos, pagando cantidades abusivas, para seguir viviendo y olvidando los riesgos que corremos. Mucho de lo que vivimos, todos los malos momentos los pasamos en un proceso de resiliencia, en el que nos gusta engañarnos y confundimos la realidad, con nuestros deseos.

    Hacemos de la aceptación nuestro modo de vida, hemos decidido estar en estas fiestas con nuestras familias que respetar el distanciamiento y la seguridad. Sabemos que vamos seguros a una tercera ola, que las celebraciones las vamos a sufrir más adelante y sin embargo no hacemos nada para evitarlo. No sé si somos masoquistas o simplemente idiotas, pero nadie puede decir que no lo sabía. Suerte…

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