Cada año, desde hace más de cuarenta, se identifica con la canción «Vuelve a casa,vuelve» de El Almendro, la llegada de las fiestas navideñas. Una campaña de publicidad que se basa en el reencuentro familiar por Navidad, tocando la vena sensible y en la que casi todos se pueden identificar. Este año, después de un año sin reuniones navideñas, y con todas las dificultades en una sexta ola, con todo lo que ello supone, como los contagios, las hospitalizaciones y las muertes. Nos hacemos una pregunta: ¿vuelve a casa el rey emérito por Navidad? En esta época de reencuentros y de regresos: de familiares y amistades, de estudiantes, de trabajadores, de militares, de cooperantes, de marinos… De tanta gente que está lejos, fuera de su hogar y de los suyos: ¿podemos entender el deseo de volver, de Juan Carlos a España?  La decisión sobre volver o no a España le compete a él y a la Casa Real, pero después de reiteradas ilegalidades, solo debería volver para rendir cuentas ante la Justicia y la ciudadanía.

Porque a pesar de que la Fiscalía de Ginebra haya archivado la investigación iniciada en torno a una donación de 100 millones de dólares por parte de Arabia Saudí al rey emérito Juan Carlos I, tiene abiertas investigaciones en España: sobre donaciones no declaradas, posible ocultación de fondos en paraísos fiscales y el cobro de comisiones de las obras del tren de alta velocidad Medina-La Meca. Que vuelva, porque quizás nunca se hubiera tenido que marchar. Porque muchas veces hay que dar ejemplo y es lo que menos se espera de un rey de España, que esté en Abu Davi.

Quizás el rey quiere regresar por añoranza, por patriotismo o simplemente pensando en el día que le llegue su última hora y su funeral de Estado, porque el emérito dice que «ahora debe pensar en el suyo». Con un homenaje oficial, con las más altas autoridades del Estado, cuerpo diplomático y diversas autoridades extranjeras, con desfiles, cañonazos, banderas ondeando a media asta en los balcones de los edificios oficiales con crespón negro. Cuando muera el rey emérito, se olvidará la corrupción, los regalos y dádivas sin declarar y todo le será perdonado. Se hablará de su labor en la Transición, en el golpe de Estado del 23-F y todo que hizo por España.

Algunos estarán orgullosos de la monarquía impuesta por un dictador, con la aprobación de la Ley de Reforma Política por parte de las Cortes franquistas, ley que abrió la puerta a la democracia, construida sobre la impunidad de la dictadura, de los miles de cadáveres que siguen enterrados en cunetas y descampados. Una democracia basada en una monarquía, donde importó poco la verdad y la justicia. El heredero de la dictadura nombrado por Franco en 1969, que los españoles no escogieron, la historia le hará justicia. Pero, antes sería interesante que se esclarezca todo lo que ha pasado». Si somos una democracia necesitamos transparencia e igualdad entre todos los españoles y españolas, y no un rey emérito con dos regularizaciones fiscales, presuntos negocios irregulares y comisionista internacional, todo esto no hace ningún favor ni a la monarquía, ni a la democracia. Vuelve a casa, vuelve…

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