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Violencia juvenil en las calles de Barcelona.

Ayer por la noche, se produjeron unos actos de violencia juvenil en las calles de Barcelona. Con el objetivo del saqueo, la destrucción y el enfrentarse a los Mossos d’Esquadra. Violencia tanto en establecimientos privados como en el mobiliario urbano. La respuesta de Alberto Núñez Feijóo, ha sido culpabilizar sin ninguna prueba a Pedro Sánchez de dichos disturbios y de “incendiar la calle”. “La izquierda se está resistiendo con violencia a abandonar el poder”

Si es grave que exista violencia en las calles. Es aún más peligroso culpar sin pruebas de unos actos, por parte de un candidato que aspira a ser presidente del Gobierno de España. Cuando se desconoce totalmente la autoría de dichos llamamientos, que se han propagado por Blocus, que significa bloqueo. Que es la denominación bajo la que operan distintos perfiles de TikTok que están detrás de la convocatoria que acabó en los disturbios en Barcelona. Lo que se desconoce es si detrás está una extrema izquierda antisistema o incluso la extrema derecha.

Una convocatoria en las calles del centro de Barcelona convocada por TikTok bajo el lema «Instituts Indignats», que se asemeja al movimiento francés «Lycées Indignés», por la «calidad del instituto». Surgido en las últimas semanas en protesta contra los recortes en educación en Francia, que han pasado a ser reivindicaciones por el derecho a la vivienda o el coste de la vida. Desconocemos si es un efecto contagio de los movimientos juveniles en Francia, Italia, Portugal o Albania o un intento de vandalismo sin explicaciones o un intento de desestabilizar el orden en la sociedad española.

Unas movilizaciones encabezadas por jóvenes y menores de edad, que pueden ser por movilización ideológica, agotamiento social o frustración generacional. De la cual el Gobierno de España no saca ningún provecho de dicha violencia. Si alguien puede resultar beneficiado son las derechas, con sus avisos reiterados de la violencia en las calles, que les sirve como pretexto para atacar el Gobierno de coalición y prometer orden. Lo que sí está claro, es que hay demasiada violencia, tanto política, social, policial, en los medios, en las redes y en las calles.

Una violencia que se instrumentaliza para criminalizar dichas acciones a un determinado bando. Sin olvidar la violencia verbal de algunos políticos. La violencia policial y la de la extrema derecha, totalmente impune. Y, también las palizas a migrantes por parte de los militares en Ceuta o los intentos de provocación de personajes como Vito Quiles. La violencia está instaurada en nuestra sociedad. La violencia juvenil de las calles de Barcelona ha sido una muestra de vandalismo que se ha convertido en un problema de orden público. Pero, que para algunos es una buena excusa para imponer sus principios de orden y olvidar otros tipos de violencia. Como la precariedad laboral y de vivienda, el malestar social por los problemas de la privatización de lo público y la falta de recursos en la educación y la sanidad públicas.

Las derechas critican que esta violencia juvenil en las calles está apoyada, protegida y respaldada por el Gobierno de España y por una izquierda que no está dispuesta a aceptar la alternancia y el cambio en las próximas elecciones generales del 29-N. No sabemos si esta violencia callejera es un efecto contagio de los antisistema en Francia o en Italia, lo que está claro es que les está dando sobrados argumentos a la derecha y a la extrema española para defender sus argumentos.

Un tipo de violencia diferente que se apoya en una cadena de difusión entre plataformas. Donde TikTok sirve para hacer los llamamientos con enlaces a grupos privados de WhatsApp y Telegram, donde los usuarios reciben la información e instrucciones para desarrollar una violencia callejera, donde no conocemos sus verdaderos auspiciadores. Y, que por desgracia hay avisos que este fin de semana de Halloween se repitan en otras ciudades españolas.

Estamos expuestos a una violencia inexplicable, a un vandalismo injustificado, a una iniciativa que tiene poco de espontánea y a una protesta que no está orientada a reivindicar derechos. La pregunta es: ¿quién está detrás? y ¿quiénes son los responsables? Un movimiento digital que anima a jóvenes a la violencia y al vandalismo. Donde las redes sociales y grupos privados no ayudan a descubrir los culpables. Y, que los llamamientos se produzcan con rapidez y convocatorias fragmentadas, lo que dificulta la intervención policial. Más problemas para unas recientes elecciones generales, sin descartar que toda esta violencia sea para inclinar el voto hacia las derechas.

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