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Misma izquierda con diferentes nombres, no es la solución.

La misma izquierda con diferentes nombres no es la solución. La izquierda alternativa no ha sabido o no ha querido unirse. No han querido entender que: «El enemigo de mi enemigo es mi amigo». Sin convencerse de que la única solución era forjar una alianza para que no gobierne la extrema derecha junto con el Partido Popular.

La izquierda nunca ha entendido que: «los amigos de mis amigos son mis amigos». Han optado por crear el Frente Amplio, que es lo mismo que Sumar. Han gobernado en coalición junto al PSOE. Y, que ahora hacen una coalición Frente Amplio y PSOE para presentarse conjuntamente para el Senado.

?Por qué no unen sus fuerzas? No son demasiado diferentes, son parecidos, análogos, homogéneos. Capaces de gobernar juntos. Parece imposible que no se unan. Aunque, lo único en que coinciden realmente, es que ambas formaciones, en considerar al resto de la izquierda en que: «mis amigos son también mis enemigos». No distinguen que el único peligro real es que lleguen a gobernar las derechas

La izquierda alternativa no se ha unido por sus diferencias personales, sus egos, envidias y querer encabezar las listas electorales. Aunque nos digan que las diferencias son irreconciliables porque ellos son los únicos que pueden presionar al PSOE. Mi pregunta, es: Sin unidad de las izquierdas ?De qué vale presionar al PSOE, si no puede gobernar?

La misma izquierda con diferentes nombres, solo refuerza al PSOE. Pero, no le ayuda a seguir gobernando y sigue necesitando el apoyo de una alternativa de las izquierdas. Mal vamos cuando somos más cautelosos y recelosos con los amigos, que con los adversarios.

La izquierda no es capaz de entender estas conclusiones lógicas:

  • el amigo de un amigo = amigo
  • el amigo de un adversario = enemigo
  • el adversario de un amigo = enemigo
  • el adversario de un adversario = amigo.

Si confundimos a los verdaderos adversarios y convertimos a los amigos en adversarios. Si tenemos a nuestros amigos alejados, lo único que conseguiremos es tener más cerca a nuestros enemigos.

Las derechas siempre han intentado cuestionar y  desestructurar las iniciativas de izquierdas. Las derechas nunca han necesitado tener muchos nombres de partidos. Sin embargo las izquierdas siempre desunidas y enfrentadas. No es el poder conservador de las derechas lo que les hace triunfar, es una misma izquierda con tantos nombres. Con referencias al socialismo, comunismo, feminismo, igualdad, orientación sexual, identidad de género, inmigración o ecología…

Una división que les penaliza en las urnas. Cuando la diferencia substancial es que unos son conservadores y otros progresistas, unos defienden a los ricos y los otros a los pobres. La izquierda está dividida porque ya no es crítica con el capital, donde han olvidado la lucha de clases y la autocrítica.

La izquierda seguirá siendo políticamente impotente mientras la misma izquierda se fragmente en diferentes siglas. Las divisiones solo favorecen a las derechas. Cuando hay desacuerdos ideológicos, programáticos o de nombres, se debería de ser capaces de solucionarlo. Tener ideas diferentes, no debería impedir trabajar juntos. Ni ser motivo para tener una misma izquierda con tantos nombres. Los errores humanos de los dirigentes de la izquierda, debido a sus egos y rencores, aquejan a una parte de la sociedad que no queremos ser gobernados con las imposiciones de la extrema derecha. Donde «el ser social determina la conciencia».

Necesitamos una izquierda con menos siglas, que prácticamente piensan lo mismo. No hace falta dirigentes burócratas que cambian las ideas del grupo por desavenencias personales y que intenten dominar las ideas. Mientras no tengamos autocrítica con nosotros mismos, no tendremos argumentos para competir contra el neoliberalismo de las derechas.

Hay muchos que han cambiado su voto, porque se ha sentido engañados por una izquierda que quería ayudar a la clase trabajadora. Pero, que no lo han hecho. Han intentado instrumentalizar las ideologías en su provecho, no en el bien común, como era su obligación. Mientras unos partidos asumen políticas económicas y compromisos sociales, educativos, culturales… Reivindicándolo como parte de su estrategia “de izquierdas”. Mientras otros no han hecho lo suficiente. Como la izquierda que es de derechas como el PSOE y Sumar que les ha apoyado. Y, la otra izquierda reivindicativa, pero que no ha sido capaz de unirse y que sigue sin conseguir apoyos en la ciudadanía. Hoy las izquierdas han comenzado a atacarse, a no entender que ellas no son el enemigo a vencer.

¿A quién beneficia esta situación? Por supuesto a las derechas. La izquierda más debilitada, más fraccionada y también más enfrentada. Vivimos en una sociedad más conservadora que tiene miedo a unas medidas verdaderamente de izquierdas. La propia izquierda ha buscado el nicho del centro para ganar votos. Han renunciado a su identidad, ideas y valores. No han sabido conservar a sus votantes y se han ido a partidos de derechas o se han pasado a la abstención. La izquierda no ha ofrecido el bienestar y avances sociales prometidos. La injusticia social y las desigualdades han aumentado. La derecha está ganando una victoria tras otra. La izquierda debe decidir entre tantas siglas y unirse, o convertirse en una oposición irrelevante.

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