Cuando parece que las derechas van a gobernar en España. El fatalismo de la izquierda se convierte es una actitud de resignación, desánimo e inmovilidad entre su electorado y militancia. Se asume que sus opciones están derrotadas de antemano, que es imposible reeditar un Gobierno progresista. Las derechas han ganado con su relato y las izquierdas son incapaces de olvidar sus rencores personales, sus egos y de intentar unirse para intentar ganar.
Las izquierdas alternativas, a la izquierda del PSOE, no se ponen de acuerdo, pero no en lo ideológico o en el programa. No se ponen de acuerdo en las candidaturas, no piensan en el bien común, piensan solamente en los escaños. Es una cuestión de mera supervivencia. Huyen de los problemas de la gente, se limitan a esquivar los fracasos personales y ganar dinero gracias a sus escaños. Tienen miedo a intentarlo, a reinventar sus fracasos, a unirse para frenar a las derechas.
La izquierda progresista no tiene la conciencia clara, una actitud decidida para luchar contra el fatalismo y la desesperanza. Hay que vertebrar la ilusión en la esperanza. Pero, no en una esperanza basada en el rezo, a la espera de intervenciones milagrosas, sino en la acción, en la lucha continúa. Luchando contra la derecha conservadora neoliberal y haciendo lo posible para transformar la sociedad. Esta izquierda no se merece nuestros votos, tampoco el PSOE. El problema es que la abstención solo ayuda a las derechas y a su triunfo.
Entre las estrategias del discurso neoliberal está promover la trampa del fatalismo. Para ellos, la izquierda solo trae pobreza y caos. La culpa de todo, la tiene la izquierda. La clave para la derecha es que el fatalismo y la resignación inmovilicen a los progresistas. Que se queden en sus casas o que cambien su voto a la derecha. Votando a las soluciones populistas de la extrema derecha. ¿ España tiene solución ? Por supuesto que la respuesta es “sí”. Y, desde luego no es votar a las derechas. Las izquierdas pueden intervenir en la forma transformadora de la sociedad. Las cosas pueden estar mal, pero pueden estar aún peor con las derechas populistas. No caigas en la trampa del fatalismo, no te resignes y no te quedes en casa. ¡ Vota !
Si tenemos unos malos políticos, no podemos menospreciar a la política ni la ilusión y el esfuerzo para depositar nuestro voto. Si ellos no han sido capaces de unirse, nosotros hemos conseguir que la participación cambie el pronóstico de las encuestas. Esto no va de “ensayo-error”, de cambiar, de alternancia. Se suele decir que de los errores se aprende y no deja de ser humano equivocarse. Pero, del error de votar a las derechas, no aprenderemos. Simplemente retrocederemos en derechos y libertades.
La palabra inexorable se refiere a algo que no se puede evitar, detener o eludir. Pero, el triunfo de las derechas tiene aún solución. No podemos dejarnos llevar por la sensación de derrota anticipada. Hemos de desterrar la idea de que se vote a quien se vote o gobierne quien gobierne, todo seguirá igual. Los progresistas han creído siempre en la movilización, no podemos caer en este fatalismo que genera pasividad, donde esperamos que los cambios vengan desde la derecha.
Las izquierdas alternativas y sus decisiones frenan el estado de ánimo y a los movimientos progresistas, convirtiendo y favoreciendo a la desmovilización. El fracaso en el intento de alianza «a la izquierda del PSOE», consuma que el Frente Amplio sea sin Podemos. Frente Amplio y Podemos (más ERC) en la práctica totalidad de España en las elecciones del 29-N, menos en Canarias y Comunidad Valenciana. Muchos confiábamos en que la izquierda alternativa tuviera una sola papeleta, unos mismos candidatos y un mismo programa. Pero, lo único que les ha preocupado es la confección de unas listas electorales.
Las izquierdas decepcionan muchas veces, una vez más no han sabido hacer lo que pedían muchas personas: unirse. La noche electoral del 29-N será de muchas explicaciones y muchas decepciones. A las derechas se lo ha puesto fácil una izquierda alternativa que no ha querido unirse. Y, un PSOE que lo hubiera podido hacer mejor. Un fracaso de las izquierdas que será decisivo, que necesita un cambio de personas. En definitiva, un descrédito de la política y de los políticos que solo favorece a la extrema derecha. A la falta de confianza en la democracia. Entre unos y otros son los responsables de los resultados electorales. Después solo quedará el derecho al pataleo y a la queja.
