Hoy, ha comenzado la huelga de docentes de la educación pública madrileña, para reclamar mejoras laborales y denunciar el deterioro de la enseñanza pública. La huelga indefinida ha arrancado este miércoles con cargas policiales, violencia policial, enfrentamientos y varios detenidos en los piquetes informativos. La intervención policial en el campus ha provocado la condena de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y ha llevado al delegado del Gobierno a solicitar una investigación urgente para esclarecer lo sucedido y determinar si la actuación policial ha sido proporcionada.
Una sociedad democrática delega en los funcionarios de las fuerzas de seguridad poderes únicos como el uso de la fuerza o la capacidad para realizar detenciones. Y para cumplir satisfactoriamente con esta misión, las fuerzas de seguridad deben actuar con transparencia y no cometer abusos o actuando con un corporativismo mal entendido. El trabajo policial no debe estar reñido con la protección de los derechos de las personas. Existen unas normas y protocolos de actuación policial que deben respetar.
La policía impide la comisión de delitos, protege y contribuye al disfrute de los derechos de las personas. Ofreciendo seguridad pública y garantizado que la ciudadanía pueda manifestarse con seguridad en defensa de sus derechos. La violencia policial es un abuso cuando las personas no representan una amenaza y se usa la fuerza como castigo o humillación. Como han sido las cargas de la policía contra los estudiantes que defienden la educación pública. La autoridad debe servir para proteger no para abusar.
Las personas que trabajan en los cuerpos de seguridad deben hacerlo por vocación de servicio, no por el poder que pueden ejercer sobre los demás. La policía puede limitar una protesta, pero no resuelve las causas de la protesta. Ni deberían prevalecer sus ideas e ideologías personales en su trabajo. Como se demuestra algunas veces, que su labor es diferente, si los manifestantes son de la derecha o de la izquierda.
