sin pedir perdónHoy 17º aniversario de los ataques terroristas del 11-M, siguen sin pedir perdón por engañar a los españoles, determinados dirigentes políticos, medios de comunicación y asociaciones de víctimas del terrorismo de ETA. Creando dudas de la autoría yihadista del atentado a los cuatro trenes de Madrid y sugiriendo que no se sabe toda la verdad. Alentando la tesis de que puede haber más responsables que los condenados por los atentados. Ni el entonces presidente del Gobierno José María Aznar, ni la Cadena Cope, ni el diario El Mundo, ni algunas  asociaciones de víctimas del terrorismo de ETA, por citar algunos, han reconocido su equivocación, ni tampoco han pedido perdón a las víctimas del 11-M por su dolor, ni a todos los españoles, por su intento de querer engañarlos, voluntaria o involuntariamente.

El 11-M supuso la mayor campaña política y mediática que ha vivido España al servicio de una mentira, el querer mantener dudas sobre la autoría. El entonces ministro de Interior, Ángel Acebes se atrevió a afirmar que «sin ninguna duda» era ETA los autores materiales de los sangrientos atentados perpetrados en Madrid, haciendo insinuaciones de quien lo pusiera en duda, era un antipatriota, un antiespañol. Se acusó a policías y al PSOE de ser los autores intelectuales del atentado. Comenzó una teoría de la conspiración, durante años, intentando deslegitimar el triunfo socialista después de los atentados y creando siempre sospechas. Así, llevamos 17 años, arrastrando la frase lapidaria de Aznar: «Los que idearon el 11-M no están ni en desiertos remotos ni en montañas lejanas».

Hay un sector de la derecha española que no está dispuesta a cambiar, ni a pedir perdón, ni a decir que se equivocaron. Es infame la instrumentalización que hace la derecha del terrorismo, de los muertos, de las víctimas. El terrorismo debería unir a todos los partidos políticos y todos deberían estar en contra del terror. Jamás se puede justificar el uso de la violencia, ni por causas de sentimiento nacionalista, ni por cuestiones ideológicas, ni religiosas, ni por minorías ultrajadas, ni mucho menos por intereses partidistas. No hay terrorismo bueno y malo, ni los muertos y las víctimas pertenecen a un solo partido. La política nunca debería ser tan ruin, destrozando la vida de tanta gente, para conseguir unos votos para alcanzar el poder.

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