La farmacéutica Pfizer ha anunciado en un comunicado de prensa que su vacuna contra la COVID-19 es «más del 90% efectiva para prevenir la enfermedad», según los resultados obtenidos en sus ensayos de fase 3, la última etapa antes de pedir formalmente la homologación de la vacuna. Los medios de comunicación se encargan de expandir rápidamente la noticia, intentando ofrecer una imagen de optimismo para acabar con esta pandemia. Las Bolsas experimentan una euforia desatada, porque lo que más importa a los inversores en estos momentos es cuándo se frenará la Covid-19. La vacuna o vacunas que puedan salir al mercado, se quieren convertir en el bálsamo de Fierabrás, que es capaz de curar todas las dolencias, tanto las de la salud como las económicas.

Pero, la euforia del anuncio de una vacuna es como aquel «árbol que no te deja ver el bosque», porque si tenemos una vacuna efectiva a lo largo del 2021, no tendremos la certeza de que se pueda fabricar un suministro suficiente para proteger a gran parte del mundo. Y, que las limitadas dosis deberán ser distribuidas de una manera estratégica priorizando ciertos grupos de población, para intentar conseguir inmunizar a una parte importante de la población y conseguir la «inmunidad del rebaño». Por lo tanto, estamos muy lejos aún de haber vencido al virus, nos tenemos que mentalizar de que las restricciones de movimientos, la distancia social, la mascarilla y otras medidas sanitarias seguirán entre nosotros durante bastante tiempo. La prometedora vacuna contra la Covid-19 puede ser un canto de sirenas, porque la comunidad científica lleva más de 30 años intentando desarrollar una vacuna contra el VIH sin éxito.

Mientras la crisis económica sigue aumentando, las colas del hambre de esos nuevos pobres de la pandemia, ese colectivo de invisibles de asalariados despedidos, los más vulnerables, los de la economía sumergida, las empresas que tienen reducida la jornada de la totalidad o de parte de su personal con un ERTE, los comerciantes, la hostelería… Que la vacuna no te impida ver la crisis, nos «venderán» que hay que «salvar la Navidad», que «hemos de ser responsables», que estamos a punto de «vencer al virus»… Mientras, seguiremos con una sanidad pública colapsada, con más contagios y muertes. Y, sin ayudas económicas por parte del Estado, con la incertidumbre de no saber si mañana seremos uno más en las colas del hambre. Porque la crisis es cosa de pobres.

Algo no funciona en esta sociedad, la más avanzada tecnológicamente de todos los tiempos, y que no ha sido capaz de enfrentarse a un virus, que no ha invertido lo suficiente en investigación, ni en vigilancia, ni por supuesto en recursos económicos, ni en personal, ni en coordinación internacional para enfrentarse a brotes de virus en un mundo superpoblado, donde existe la mayor movilidad de seres humanos de todos los tiempos y que favorecen a su expansión.

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