El morbo es una enfermedad de la sociedad actual, es un impulso básico, es algo que nos atrae, que todos los seres humanos poseemos, unos en mayor medida que otros. Parece que estamos necesitados de escuchar, leer y ver cosas que podrían considerarse desagradables, que entran dentro de lo privado, de lo intimo y que son una falta de respeto hacía las personas implicadas.

Hemos pasado de las conductas morbosas hacía el sexo, conocer la vida personal de alguien o ver fotos explicitas de violencia, a la moda de conocer todos los detalles morbosos de una desaparición o el posible asesinato de una persona. Los medios de comunicación llenan horas y horas de morbo para intentar ganar audiencias, ventas y por lo tanto beneficios con la publicidad.

Todos decimos que sentimos rechazo ante el sensacionalismo, pero hay una fuerza que nos impulsa a entrar en contacto con ello y lo que es más grave, a experimentar un cierto placer al hacerlo. La culpa es de los medios de comunicación, que vierten todo tipo de hipótesis sobre un tema escabroso, apelando a las emociones para conseguir la fidelidad minuto a minuto.

Son los casos de los niños Ruth y José Bretón, Laura Luelmo, Diana Quer, Gabriel Cruz o del pequeño Julen… Casos de informar sobre nada, que han llenado el morbo en redes sociales y en programas especiales de televisión, sin el mínimo pudor, sin conocer el respeto, olvidando un mínimo código deontológico por parte de los profesionales del periodismo. La culpa, está claro, no es solo de los medios de comunicación y de sus fines espurios, es sobre todo de quien lo consume: lo ve, lo escucha, lo lee.

Son reacciones primarias que nos pasan cuando vemos un accidente en la carretera, cuando queremos enterarnos de una conversación entre dos personas, cuando miramos un cuerpo para intentar ver algo intimo…Pero, ahora con las redes sociales parece que estamos necesitados de contarlo, de hacerlo nuestro, de propagar incluso noticias falsas, de dar nuestra opinión e incluso de dictar sentencias judiciales. La sociedad está alimentando el morbo y muchos están viviendo de ello, apelando a nuestros sentimientos

El pasado sábado 24 de agosto por la mañana, fue el último día que se vio con vida a la  esquiadora Blanca Fernández Ochoa, lo que pudo ser hacer una ruta senderista, se convirtió con la aparición de su coche y la denuncia por desaparición, por parte de su familia, en el despliegue de medios de rescate más importante de la Comunidad de Madrid y su consecuente impacto mediático en medios de comunicación y redes sociales. No solo hasta la aparición de su cadáver, sino a las hipótesis de la causa de su muerte, las elucubraciones de los resultados de la autopsia que determinen la verdadera causa de la muerte de la medallista olímpica y la retransmisión del dolor de sus familiares.

Todos se olvidaron del respeto y del dolor que producen los comentarios, las imágenes de una mujer que tuvo que ser famosa solo por sus triunfos deportivos y no por el morbo de su muerte. No aprendemos, nos gusta el morbo y nos siguen manipulando.

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