Negar es afirmar que algo no tiene existencia o que carece de veracidad, negar lo evidente es una forma de engañarnos y de querer engañar a los demás. Cada uno tiene su verdad y a lo mejor para el otro es diferente a la mía. Por eso, está claro que todo es relativo y que cada uno de nosotros tiene una conciencia diferente de los problemas que experimentamos en nosotros mismos y en los que nos rodean. Cada uno de nosotros adopta una postura diferente para las libertades sociales, para las diferencias sociales, para  las diferentes ideologías políticas…

Hay personas que tienen una postura conservadora, que se encuentran bien en el presente y les da miedo un futuro diferente, no precisan cambios. Están los que quieren cambiar para mejorar, algunos favorables a un cambio radical de todo lo existente y otros a un cambio progresivo, que no trata de destruir sino de evolucionar. Y, quedan los que se inhiben en la pasividad, que no hacen nada, incluso son los que se abstienen de votar y tienen una crítica pesimista de todo y no creen en poder encontrar una solución positiva. Estas tres posturas resumen un poco las ideologías y la consecuente crítica social por parte de los ciudadanos y ciudadanas, desde el conservadurismo, pasando por un tipo de revolución, hasta la comodidad de la inhibición.

Todas las ideas aceptadas socialmente pueden ser correctas, deben de respetarse y no significa que estén equivocadas. Porque no respetar es signo de intolerancia, el pensar diferente es parte de la libertad que tenemos los individuos para expresar nuestro particular punto de vista sobre cualquier tema, eso es lo que denominamos libertad de expresión. El problema no es que todo el mundo tenga derecho a decir lo que piensa, sino los que cuestionan que lo que dicen los demás no es digno de respeto, que nuestras ideas son estupendas y los intolerantes e irrespetuosos son siempre los demás. 

Negar lo evidente de pensar diferente, es que todos somos un poco intransigentes, que decimos eufemísticamente, que todo merece el mismo respeto, pero en la práctica no es así. No todas las opiniones merecen el mismo respeto, y cuando decimos que son respetables, nos dejamos llevar por la hipocresía de decir las cosas políticamente correctas. No podemos respetar a los que no respetan los derechos de personas y colectivos, a los que están a favor del racismo, a los que son fundamentalistas a nivel nacionalista, cultural, religioso… Y, buscan una igualdad basada en fobias excluyentes de las minorías. 

Si la ultraderecha no respeta a los demás, los demás tenemos la obligación de aislarlos. Porque respetar es algo más que aceptar unos resultados democráticos y su repercusión en nuestras vidas. Por eso, está en las manos de todos los partidos, que no legitimen y blanqueen a la ultraderecha, ofreciéndoles puestos de poder en ayuntamientos y gobiernos autonómicos. Es preferible el consenso entre el resto de partidos para excluir a la ultraderecha, a que ellos marquen la política en los próximos años, porque solo la unidad de las fuerzas políticas puede derrotar a la extrema derecha.

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